jueves, 31 de enero de 2013

para que se renueve la mirada

Releo frases que escribí en mi cuadernito de notas hace un par de años, en un tiempo de más luces y menos contradicción. Lo sé, no es nuevo, en momentos difíciles merece la pena detenerse e ir despacio. Un recuerdo de una búsqueda que viene de tiempo. De cuando en cuando, leer esos escritos me ayuda. Me recuerda a experiencias vividas otras veces y actitudes que deseo sean posibles una vez más, cuando se da esa sinergia de fuerzas que me vuelve capaz de acompasarme. 
Este es mi barro. Esta es mi debilidad. Estas son mis dificultades...
Algunas de temporada, otras cambiantes, esas reincidentes.... No es nuevo, buscamos caminos seguros, agarraderos fuertes, trazos bien marcados... Descubrimos caos, incertidumbre, cosas que se atragantan, ese yo en sombras, oscuro, asustadizo, impaciente, rebelde, infantil... Recorremos la distancia que hay entre quienes somos y lo que nos cuesta crecer, dejarnos hacer... ahí están las decisiones que vamos tomando, la manera de situarnos... también, nuestras actitudes, los momentos de lucidez, generosidad, valentía, sencillez, sinceridad... en la confianza que vamos poniendo a cada instante, en cada cosa, existe aunque a veces se opaque o simplemente, no seamos capaces de verla.
Muchas veces sentenciamos: no hay quien nos cambie, esos esquemas no se rompen. Es el discurso repetitivo de nuestra fragilidad dolida cuando se impone, nos ciega. Solemos ser dramáticos, catrastrofistas. Tendríamos que tener más a mano la valentía que nos permite echar cuatro gritos y desahogarnos, pañuelos para soltar unas cuántas lágrimas de alivio y unas cuantas carcajadas que nos inviten a ser más flexibles y menos exigentes. Negamos y rechazamos lo que más necesitamos. No nos permitimos. Las dinámicas del sufrimiento parecen seguir coordenadas que no permiten ayuda. Podemos intuir, racionalizar, desvelar y ocultar al mismo tiempo. Querer que las cosas sean como nosotros queremos... y cuando no son así... Defendernos. Herir. Ironizar. Resistirnos a la realidad tal y como se presenta. Orgullos y cabezonerías se suceden, nos protegen y aíslan. Heridas que no acaban de curar ni limpiarse son las que hablan y las que escuchamos. Juicios severos ganan raíces bien adentro. Las miradas menos misericordiosas y el cariño que por algún frente descuidaste, ahí están.
Cada día podemos descubrir una mirada amable sobre nuestra vida. Podemos aprender a mirarnos de otro modo, a descubrirnos amados aunque estemos llenitos de errores. Nos resulta complicado reconocernos necesitados, superados, pobremente desbaratados y llamados a traspasar las fronteras de nuestros mundos estrechos. ¡Cuidado con la metástasis del quedarnos como estamos!
Somos personas inacabadas, en construcción,
no estamos hechos de una vez para siempre.
Cuando uno se siente desbordado, confuso, bloqueado, hace bien recordarlo. Quizá no nos han dicho bastante que la vida puede, sencillamente, volver a empezar… que podemos cambiar... seguir construyéndonos hasta el último suspiro de nuestra vida...  

Podemos usar toda la caja de colores
aprendiendo a mezclar colores y pintar matices,   
atrevernos con distintos trazos y sombras difuminadas.

Parece que la vida se confabula de mil maneras para que cada uno descubramos que sí es posible... Cuando un corredor de fondo se repite a sí mismo que es capaz de seguir corriendo, de superar obstáculos y de terminar una maratón, este pensamiento positivo, reiterado, tiene efectos directos en el rendimiento, puesto que la fuerza espiritual afecta también la fuerza física.  FRANCESC TORRALBA
Pienso que si creyera sólo en lo que veo, creería tan poco… Yo a veces vuelo y otras veces me arrastro a ras de suelo.... pero cada día, comienzo de nuevo. Lo sé ¡basta un pequeño paso! Desde lo pequeño...
Abrir nuestros ojos y nuestra vida
 a los milagros que acontecen cada día
No perder la mirada nueva sobre cada paso del camino...
Alguien dijo una vez que todo puede volverse sorpresa y milagro cuando dejas de creerte el maestro de ceremonias y te abres a más posibilidades. Los milagros acontecen a cada paso para quien sabe descubrirlos.
No es el martillo el que vuelve perfectos los guijarros, sino el agua, con su danza y su canción. Allá donde la rudeza destruye, la ternura esculpe. TAGORE
Para que se renueve la mirada existe un Amor más grande que brota por doquier, nos habita desde siempre y puede ayudarnos, alentarnos. Sé por experiencia que la humildad es la que conduce a quien se deja guiar hacia una vida más en sus manos. El Amor es alfarero de personas y a él le doy gracias por esta nueva oportunidad para aprender a amar.