martes, 22 de enero de 2013

¡Qué gran verdad!



El concierto... los ensayos
El resultado... los intentos
Lo que se ve... lo que está oculto 
Lo que hay... lo que está creciendo
Lo que muestras... lo que aún no ves, pero existe
Lo que eres... lo que desconoces de ti
Lo que quieres... lo que no sabes cómo vivir

 Como en los icebergs, todo lo que hay por detrás 
es mucho más grande de lo que se ve.

¿Te suena? Está escondido, como despertando.
 En las capas superficiales no se percibe, 
uno nunca se da cuenta de lo que puede haber 
en las capas más hondas y más profundas. 
  En las capas más profundas de nuestro ser puede haber muchas cosas.

Nuestro cuerpo lleva  alojados miles de ruidos, 
 miles de disgustos, mil contratiempos, mil contrariedades, mil tensiones,
disgustos, temores,  miedos... que en nuestro cuerpo se perciben; 
tensiones de nuestro semblante, de nuestros gestos, 
en nuestro andar, hasta en nuestra mirada.
Podemos mentir, disimular, ocultar la verdad, la intimidad de nuestro corazón, 
pero nuestro cuerpo no miente,   
nuestro cuerpo refleja siempre la verdad, expresa lo que le habita.

Qué difícil es comunicar, expresar... 
pero así y todo, nosotros buscamos comunicarnos, expresarnos.

Busca, prueba, descubre qué te ayuda...
 Tienes derecho, puedes hacerlo... es cuestión de salud.

 Hay un tesoro
 mil tonalidades en el misterioso contenido que habita en nuestro corazón.
 Invita, puede sugerir, puede llamarnos, puede reclamar de nosotros.
  
 Tu vida está escondida...  
un poco más abajo... más hondo. 
Nos puede asombrar, nos puede estremecer.
 Es asunto del corazón:  
tiene este poder, tiene esta fuerza.
Dejarte arrastrar por lo profundo, no por lo superficial, sin prisas.
Dejarte llevar por lo íntimo y que salga lo que tenga que salir.
Muchos deseos nos conducen, muchos miedos nos retienen. 
  Llorar, desahogarte, expresar la inseguridad, la rabia, el dolor...
Escuchar lo que resuena, intentar poner palabras a lo que pasa...
Hacer a un lado vergüenzas, bloqueos, tantos miedos o ir caminando con ellos.

Es lo que pasa al iceberg, esa inmensa montaña de hielo.  
Esa gran montaña de hielo se mueve en el océano, aunque no parezca.
Se mueve no por el viento, no por la tormenta que está en la superficie, 
le llevan, lo conducen las corrientes profundas del mar, 
 las corrientes hondas del océano.

Así podemos ser: como un iceberg 
que se deja conducir, ayudar,
 al que le mueve desde lo profundo la fuerza de la vida, 
la fuerza que está en lo hondo del ser... ¡aún por descubrir!

 ¡Para que seas tú mismo! ¡Para vivir mejor cada día!


En homenaje a José Moratiel