sábado, 16 de febrero de 2013

Los carnavales de Río de Janeiro, de Venecia, como de tantas ciudades y pueblos del mundo, muestran todo el arte que tenemos las personas para inventar una realidad, disfrazarla, imaginar que puede ser otra. Curiosa metáfora de cómo a veces vivimos las personas. Escondidos, resguardados, tapados, disfrazados de fuertes siendo pura fragilidad. Haciendo un auténtico circo de apariencias aunque por dentro sintamos otra cosa o estemos para el arrastre. Ocultamos, enmascaramos, negamos... ¿Es prudencia, es opción, es rutina o inercia, es miedo al qué dirán o a otras cosas no nombradas
Aprender a mirar mi verdad sin adornos y sin espantarme ante ella es posible, hay quien intenta vivir desde ahí. Volveré a caer, me equivocaré muchas veces, sí, pero cuando me reconozco pequeño y limitado es cuando comienza mi conversión a una nueva realidad: más amplia y consciente de mi debilidad. 

No está reñido ni con la prudencia ni con la libertad ni con la discreción. Equilibrio complicado unido a la disposición que ayuda a sanar. Posible para personas que se siguen construyendo desde un vivir con mayor verdad.
No va de otra cosa: Ayudarnos a vivir. Hay realidades que sólo se comprenden cuando se aman. Hay una verdad muy nuestra a la que darle lugar: soy frágil, soy limitado, y al tiempo portador de algo que me trasciende. Nos toca a cada uno de nosotros concedernos ese permiso de ser humano, podemos prescindir de la máscara de fortaleza, quitarnos el disfraz. Y permitirnos la posibilidad de una experiencia apasionante: poder compartir toda esa vida que llevamos dentro. Dejar que salga a la luz la mejor versión de ti mismo. La realidad supera la ficción, ¡seguro!

 Extracto reflexión esejota