martes, 19 de febrero de 2013

si nos comprometemos con nosotros mismos...

Gandhi decía que una persona que no está en paz consigo misma está en guerra con el mundo entero. Y ya sabemos qué pasa en situaciones así, no nos aguantamos a nosotros mismos y no se libra nadie de ese tsunami de malestar que uno padece y lo salpica todo... Salvo que descubramos otras formas de vivir. Hay personas que expresan su incapacidad de romper con este tipo de conductas autodestructivas y pocas veces se dan cuenta que estas conductas son generadas por una autoestima deficiente y mejorable. Si nos comprometemos con nosotros mismos, podemos aprender a vivir de manera más sana.

Nuestra autoestima es como un gran saco que llenamos cada día con todo lo bueno que nos ocurre. Pero este saco tiene un agujero, de manera que por la noche va perdiendo su contenido, y cada mañana necesitamos llenarlo de nuevo. Podemos llenarlo desde fuera –con el reconocimiento y la estima de los demás– o podemos llenarlo desde dentro –con nuestra propia estima y reconocimiento–. 

Si lo hacemos desde fuera, cada mañana viviremos la angustia de tener que lograr el reconocimiento de los otros, de tener que hacer cosas para que los demás estén contentos, para tener que ganarnos su estima. Y si el reconocimiento no llega y el saco no se llena, nos sentiremos mal, teniendo la sensación de que no estamos haciendo bien las cosas. Si, en cambio, nos acostumbramos a llenarlo desde dentro, desde nuestra propia estima, iremos creciendo a nuestro propio ritmo, celebrando avances, descubriendo nuestras capacidades y potenciándolas. Seremos seres independientes y podremos vivir el reconocimiento de los otros –si llega– como un gran regalo, pero no como una necesidad para nuestra subsistencia. Y, ésto es algo que se aprende, lo aprende quien quiere crecer y aprender a vivir mejor en su propia piel.

El modo en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta en forma decisiva todos los aspectos de nuestra experiencia desde la manera en que funcionamos en el trabajo, el amor o el sexo, hasta nuestro proceder como amigos, o como hijos o como padres y las posibilidades que tenemos de progresar en la vida. Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quién y qué pensamos que somos. Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que poseemos de nosotros mismos.  

Por lo tanto, la autoestima es la clave para comprendernos y comprender a los demás.

La importancia de una autoestima sana radica en que esa es la base de nuestra capacidad para responder de manera activa y positiva a las oportunidades que se nos presentan.

Tener una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida, es decir, alguien capaz, valioso. Tener una autoestima baja es sentirse inútil para la vida: equivocado como persona. Tener un término medio de autoestima es fluctuar entre sentirse apto e inútil, acertado y equivocado como persona y manifestar estas incoherencias en la conducta -actuar a veces con sensatez, a veces tontamente-, reforzando, así, la inseguridad. En nuestro proceso de la vida en sí, nos resulta fácil apartarnos de un concepto positivo de nosotros mismos, o no llegar a formarlo nunca. La autoestima es siempre una cuestión de grado. Nunca he conocido a nadie que careciera por completo de autoestima positiva, ni tampoco he conocido a nadie que no fuera capaz de desarrollar su autoestima.

Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y merece la felicidad, y por lo tanto enfrentar a la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, lo cual nos ayuda a alcanzar nuestras metas y experimentar la plenitud.  

La autoestima, en cualquier nivel, es una experiencia íntima: reside en el núcleo de nuestro ser.  Es lo que yo pienso y siento sobre mí mismo, no lo que otros piensan o sienten sobre mí. Cuando somos niños, los adultos alimentan o minan esa confianza y ese respeto por nosotros mismos. Pero aún en nuestros primeros años de vida nuestras propias elecciones y decisiones desempeñan un papel crucial en el nivel de autoestima que a la larga desarrollemos. No somos meros receptáculos pasivos de lo que otros piensen o digan de nosotros. Nadie puede respirar por nosotros, nadie puede pensar por nosotros, nadie puede imponernos la fe y el amor por nosotros mismos. 

Cualquiera que haya sido nuestra educación, como adultos, la cuestión está en nuestras manos. Desarrollar nuestra autoestima es ampliar nuestra capacidad de ser felices. Si comprendemos esto, si nos comprometemos con nosotros mismos para seguir creciendo, podremos apreciar que el hecho de cultivar la autoestima nos interesa a todos.

Si quieres más pistas o leer un un buen libro sobre este tema
CÓMO MEJORAR SU AUTOESTIMA
Nathaniel Branden
Ediciones Paidós