lunes, 4 de febrero de 2013

tres reacciones comunes

Mafalda nos pone delante tres reacciones comunes, que nos muestran elecciones que hacemos... Cuando mi mundo se reduce a mis cuatro paredes y a mi ombligo, cuando pido lo que no se me puede dar, cuando me encierro en egoísmos que nada tinene que ver con el amor, cuando los apegos nos bloquean el corazón, cuando comprobamos nuestras intolerancias interiores, cuando sentimos fallar a lo que se espera de nosotros, cuando hacemos algo que no coincide con lo que decimos, cuando nuestra memoria nos hace alargar un enfado... ahí y en otras situaciones nos vemos como estamos, cuando nos damos cuenta lo que nos falta para aceptar, para integrar, para dar lugar a lo no queremos afrontar, no sabemos vivir...

   
La tentación de no ver y de taparse los ojos como los niños cuando algo les asusta. Al principio pasas unos días de shock. Es inevitable. Pero es mejor ABRIR LOS OJOS y MIRAR  Algo así como "eso estaba ahí y yo no lo sabía" o "soy la única que se engaña porque no lo quería ver" como otras expresiones conocidas y sostenidas a nivel humano. Te impactan muchas cosas: esas que no querías ver y de las que preferías no enterarte, esas que rehuías, con las que no sabías crecer ni pedir ayuda. Vas cayendo: es real y es así, como lo ves. La tentación puede ser mirar para otro lado, pero quien vio no puede hacer como que no ve. Sólo ves, observas y te haces testigo. Lo visto, lo observado, está ahí y te pide respuesta personal. Puedes postergarla, darla de alguna manera o no querer darla, pero tu vida se encarga de recordártelo. La mirada compromete. Te puede doler lo que ves, te puede no gustar, parecer que todo va a romperse en mil pedazos, pero va calando porque cada vez eres consciente de ver detalles que antes no podías asumir o ignorabas de ti mismo, de la realidad, de otros. Si te das cuenta, es un gran paso: empiezas a prestar más atención de lo habitual a tu vida y vas siendo consciente de lo que existe, aunque no sepas nombrarlo o solucionarlo... con sus matices, claroscuros, inacabados... hacer como que no va contigo no conduce a nada. Crecer es hacerte cargo de lo que ves, de lo que vives, de tomar decisiones aunque cometas errores... 
La segunda la conocemos de sobra, cuando algo nos cuestiona, nos chirría, no va con nosotros, nos tapamos los oídos, decimos que no queremos oír. Como si fuera a desaparecer por el hecho de no querer oír. Una vez más, un mecanismo de defensa, no querer escucharse a uno mismo, no querer escuchar al otro, no querer saber la realidad. Porque puede doler, porque puede que no sepamos qué hacer, porque nos cueste vivir en verdad... En nuestra soberbia pensamos que podemos con todo, que nuestro cuerpo soporta lo que sea, y una vez más nuestro cuerpo es el primero que nos manda al frente y nos delata, saca a la luz malestares que tapamos por mantenernos fuertes. Te baja a la realidad, para hacerte consciente de tus necesidades, para que veas una vez más que eres como los demás, en todo… La respuesta está en ESCUCHAR, lo que somos, lo que hay. Todos decimos que escuchamos hasta que nos damos cuenta que  nos comemos el tiempo del otro en la conversación o no queremos oír cuando nos sentimos heridos en algo. Hacerle un lugar en nosotros y dejar que nos diga, que nos incomode, que nos movilice y lleve más allá de donde estamos...

Muchas veces nos quedamos infantilmente diciendo no podemos, no sabemos, nos cuesta y nos quedamos ahí. Para que podamos superar la gran tentación que nos distancia y aleja unos de otros, se trata de ser más sencillos e ir creciendo en EXPRESAR, COMPARTIR  Las alegrías y las dificultades que conlleva la vida de toda persona se hacen más fáciles compartidas. También la enfermedad, la muerte, el paro y otras... Si comunicamos los sentimientos, las dificultades y los esfuerzos, se fortalece la fe y la madurez. Si nos los guardamos, reprimimos, nos aislamos, nos ahogamos, nos va fallando la fuerza y la energía vital. Aprendimos a hablar está claro, pero no siempre a contar lo que nos pasa, no siempre a expresar y comunicar y mucho menos a hacernos entender. Se puede compartir hasta la timidez, si dejamos que la vida pase a través de cada uno de nosotros. Cuando tenemos la experiencia de compartir lo mejor de nosotros mismos, cuando permitimos que salga con un poco de humor...
¿Mal de muchos consuelo de tontos? No. Construir una personalidad madura implica seguir soltando lo que me impide elegir la vida. Tenemos posibilidades autodestructivas y adormecedoras o potenciadoras y plenificantes. Cada uno elige las que quiere usar y desde dónde quiere vivir. 
Todos andamos buscando la felicidad, vivimos en proceso, nos estamos haciendo día a día. Vamos a volcarnos a pleno pulmón. Hay quién nos aporta recursos, quién nos ayuda a hacernos adultos, a avanzar. Quizás nos ayude vivir reconociendo que no lo sabemos todo, como si todo estuviera aún por empezar. Quizás podamos descubrir que abrir los ojos y mirar, entrar en diálogo, escuchar y comunicar, transforma a quien lo vive, a quien se deja ayudar y quiere seguir aprendiendo maneras nuevas de vivir mejor.