martes, 5 de marzo de 2013

insistir y persistir



  es aprender a soltar lo que me pesa
a desahogar lo que me carga

Residuos emocionales tenemos todos. Esos de los que no hemos sido capaces de desprendernos, que fuimos guardando, reteniendo, sin darle un buen lugar y nos hemos encontrado al tiempo no sabiendo cómo o por dónde desahogar. ¿A quién no se le acumula? Se nos acumulan por días, incluso años y provocan una contaminación, en forma de agresiones verbales o conductas destructivas, a menudo más bien autodestructivas: quejas, rencores, resentimiento, mal humor, desgana, juicios negativos, furia, rabia más o menos contenida.

Tienen un impacto tan negativo en nosotros mismos como en nuestras relaciones personales, nos hacen ser más tóxicos que alimenticios y en consecuencia hará nuestras relaciones íntimas y con nuestro entorno mucho más complicadas.

La actitud del lobo que sopla, sopla, y sopla hasta sacar todo lo que lleva dentro para derribar puertas, muros, obstáculos, resistencias, puede ayudarnos como imagen.


El cuento nos dice que al lobo no le bastó con un simple soplido, tuvo que ingeniárselas y esforzarse más. Repetir varias veces. Mantenerse firme y constante. Necesitamos insistencia y persistencia para descubrir maneras más sanas de evacuar esos residuos acumulados a lo largo de todo un día, de toda una semana o de mucho más tiempo. No basta con un rato, con un solo día, sabemos que hay que seguir, acompañar los cambios que queremos... cueste lo que nos cueste.

Puede ser con el ejercicio físico, la música, el canto, la meditación, paseos por lugares agradables, el perdón (comenzando por uno mismo), la oración, la relajación, un rato en buena compañía, actividades divertidas como el baile, la risoterapia, el teatro, diversos juegos como esos a los que nos invitan a entrar los niños... o lo que vayamos descubriendo como facilitador de descanso y de desahogo. Reciclar energías que perdemos de tantas maneras, renovarlas para una vida ecológica sostenible. Tendrá en nosotros efecto reparador como hace también una siesta, una buena ducha, un masaje o ese momento relax en el sofá al final del día. Dicen que quien la sigue, la consigue... la gran satisfacción de conseguir cuidarnos mejor, de habitar espacios que nos ayuden a vivir mejor con todo lo nuestro.