lunes, 11 de marzo de 2013


 tiempo de cambio
de transformaciones

 
A veces asusta el cambio. Lo conocido es más familiar y más seguro. Porque la rutina, la inercia, lo que siempre ha sido así, resulta menos amenazadores.

Si uno no da algún paso cuando ve necesario, aunque desencadene tormentas, puede terminar atrofiado, anclado en un terreno sin vida

En la vida de la Iglesia. En las sociedades de las que formamos parte. En nuestra vida particular, personal, cotidiana. Cambios de actitudes, de maneras de ser y pensar, cambios de ritmo, en la manera de llevar una relación, palabras pendientes, conflictos que uno no termina de afrontar…  

Tiempo de decisiones cotidianas que cada uno de nosotros, tú, yo, todos, hemos de tomar. Decisiones sobre amigos, sobre trabajo, sobre familia, sobre amor, sobre salud, sobre cómo emplear el tiempo... 

con la valentía de dar pasos

Mi equipaje será ligero  
para poder avanzar rápido.
Tendré que dejar 
tras de mí la carga inútil:
las dudas que paralizan  
y no me dejan moverme.

Los temores
que me impiden 
saltar al vacío y confiar.
Las cosas que me encadenan 
y me aseguran en terreno conocido.

Tendré que dejar tras de mí 
el espejo de mí mismo,
el “yo” como únicas gafas, 
mi palabra ruidosa
que aburre y agota.

Y llevaré todo aquello que no pesa:  
Muchos nombres con su historia, 
mil rostros en el recuerdo,
la vida en el horizonte, 
proyectos para el camino...
Valor si tú me lo das...
Hoy.

José María Olaizola