jueves, 11 de abril de 2013

a mirar la vida con sus ojos

Ese ejemplo no se me va, al contrario creo que, en ocasiones, vivimos momentos cargados de contenidos,  privilegiados, mágicos, junto a otras personas. Muchos de esos espacios ns conectan con otras etapas más tempranas de nuestras vidas. Esas en que la vida se mira con ojos de niño.

Así fue aquella vez en medio de la reunión en la que comentábamos propuestas de cambio. En una de esas Paco preguntó a Tico ¿y a ti qué te se te ocurre que podríamos hacer? Y Tico contestó con sencillez y total normalidad lo que otros no sabríamos decir así de fácil. Fue para mí una grata sorpresa compartir reflexiones y sentires con los chicos y chicas allí presentes en medio de jóvenes, adultos, abuelos y abuelas. Descubrir cómo miran la realidad y la comunican, cómo nos conectan con ese niño que aún somos pero que muchas veces no dejamos que salga.

Hace unos años unos amigos habían vuelto de viaje de un lugar en el extranjero en que habían vivido unos años y donde había nacido su hijo mayor. Ellos entusiasmados compartiendo detalles y fotos y en cambio, el niño se mostraba bastante tímido, no compartía gran cosa. Recuerdo que me acerqué, lo saludé y me preguntó qué tal mis vacaciones y me acuerdo que le contesté contando que había disfrutado mucho estando en un sitio concreto y descansando. Y al preguntarle qué tal él, me empezó a contar que había estado en el hospital donde nació y había visto la casa donde vivió con sus papás esos años. Se acordaba de todo y contaba con ilusión los detalles. Estuvimos charlando un rato con naturalidad y a los cinco minutos estaba otra vez tan pancho con sus videojuegos. Los padres no podían creer lo que su hijo había sido capaz de contar!!!

En otra ocasión fue Mikel el que nos preguntó, con vivo interés, sobre qué conversábamos a los que manteníamos una acalorada conversación que nos tenía entretenidos. Y sorprendidos, aceptamos el reto: contarle a un niño de 8 años lo que estaba pasando en esos días previos de elecciones de gobierno. Nos reímos mucho porque nos preguntó un montón de cosas y no sabíamos por dónde salir, fue un diálogo muy sincero que siempre recordaré con ternura.

Recientemente viví una situación con una pareja y su hija sobre cómo despedirse de la abuela que acababa de morir. Desde el principio habían hablado con normalidad de la enfermedad y a muerte de la madre de ella así que no era un conflicto ni tema tabú. Ahí estábamos los cuatro dialogando y se fue creando un espacio de compartir sentimientos y realidad, también Isa, con sus 10 años, contó cómo se sentía, dijo que iba a extrañar a su abuelita e hizo sugerencias para la misa funeral en la que también leyó algo que había escrito ella.

Lo bueno de la curiosidad, la espontaneidad, la naturalidad y la frescura de los que van estrenando la vida es que nos sorprenden siempre con sus preguntas, su lógica, su sinceridad, su manera de  intentar comprender el mundo que les rodea y estar cerca de la realidad. Nos contagian vida, esa que a nosotros en ocasiones se nos escapa entre tantos líos, ocupaciones, miedos, filtros, defensas. Ojalá que también encontremos maneras de compartir como los Bergara cuando deciden los cuatro los planes de fin de semana o como Tere y Alex, que cada vez más conscientes de estar creando algo nuevo, viven cada etapa con cansancio sí pero con agradecimiento y soltando más el corazón. Expresar y compartir como Keko en su blog, dejando en herencia a Juan y Javi toda la vida que Cris y él miran, sostienen y sueñan.

Ayudarles a crecer como personas y pedirles que nos ayuden ellos a lo mismo: a mirar la vida con sus ojos, con verdad e ilusión, con más soltura y creatividad en cada situación en la que podemos seguir aprendiendo y creciendo y ¡qué bien poder hacerlo juntos!