miércoles, 24 de abril de 2013

cuando nos mudamos



No sé si habrá alguien que viva con mucho entusiasmo las mudanzas por el gran coste que éstas suponen. Costes de tiempo, de implicación, de organización, decisiones y sentimientos que en ellas se movilizan. Aún pudiendo pedir ayuda a otros que colaboren o agilicen el momento, creo que nadie pone en duda que, las mudanzas suponen un desgaste físico, mental y emotivo. 

A veces es algo que se puede preparar, organizar, pensar con tiempo, para que llegado el momento, la cosa marche lo más dignamente posible y uno lo viva mejor. No siempre la mudanza llega en el mejor momento, a veces un acontecimiento la precipita o toca afrontarla como viene y no queda otra; uno hace lo mejor que puede y sabe, para llevar el asunto a buen puerto en medio del caos que le genera y repercute en el resto de la vida que tiene delante. 

Depende del momento sí, también de la persona, de su psicología, de su momento vital. Según cómo uno sea de práctico, organizado, sentimental o todo lo contrario; según las emociones que este cambio despierte como temor, ansiedad, tristeza, rabia o ilusión, esperanza por algo deseado o como reto motivador.

Por dónde empezar, qué llevar, de qué deshacerse, cómo organizarlo para que no se echen a perder cosas más frágiles o importantes, dónde conservarlas para saber dónde encontrarlas llegado el momento de necesitarlas y hacer uso de ellas. Dilemas que responder cuando se está en el proceso, a medida que aparecen recuerdos que uno no sabía si estaban mejor guardados o, por el contrario, no recordaba ni que estaban ahí, esos que se salvaron de otras limpiezas de esas de porsiacaso y ahora vuelve la misma pregunta que tuvo su respuesta en guardar y nuevamente toca responder si continuar o desprenderse, qué hacer con ello en definitiva.

Lo barato, lo cómodo, muchas veces, funciona y otras no, sale caro, pasa factura. No siempre hay un seguro que cubra daños, pérdidas y desperfectos ocasionados por la mudanza; existe el riesgo de perder incluso lo que se creía imprescindible, importante, necesario. Y aunque así sea, la experiencia pasada muestra esperanza.

Algo similar ocurre en los momentos de cambio, de transición, ante una pérdida inesperada o prevista, en tiempos de crecimiento. Nos mudamos. A veces preparamos y acompañamos esos cambios, con o sin ayuda, con mayor o menor coste para nosotros y los de alrededor. Y otras simplemente hay que ponerse a ello tal y como venga, sin tantos miramientos. Nos mudamos y aunque parezca que el mundo entero se detuvo, la vida continúa. Es natural que uno pueda sentir confusión, duda, temores, ansiedad, miedos reales o imaginados al tener que tomar decisiones que antes no se tomaban o que cambian la dirección porque la situación a vivir es un reto que también pide novedad. 


Nos mudamos. Aunque haya un deseo de olvidar todo, dejar para después, la tentación de no empezar está y tarde o temprano, aparece... Habrá que hacerlo, por ahí se juega el camino por mucho que uno se resista y piense que muere en el intento. A tientas o dándome verdadera cuenta. Sí es morir, sí, es cambiar, mudar la piel: dar a luz a una persona más libre, más consciente, más de verdad... Sí, es la vida.

Es muy sano mudarse: hacer limpia, saber qué tengo, qué no necesito, qué me hace falta, cuáles son mis espacios... Soltar lo que ya no ayuda ni conduce a nada. Dejara de dar vueltas como tigre enjaulado. Mirar. Concederse uno tiempo, con dolor o dificultad, en lucha o pariendo descubrimientos, estrenando una serenidad subversiva que inspira y mueve por dentro. Consentir los límites, quitar las máscaras, no hacer pactos mediocres con el tiempo, hacerse uno con la realidad desnuda, dejarse amar.. La propia vida se desvela como tesoro que se encuentra al fondo de una caja y quiere ser descubierto.

Somos lo que pensamos, lo que nuestra mente crea, magnifica, minimiza, dramatiza o permite que ocurra. Somos lo que vivimos, lo que cargamos, lo que construimos, lo que amamos. Llegan horas de vencer el miedo, el salto y el vértigo no te lo quita nadie, acompaña cualquier empeño, relación, crecimiento. Al transcurrir el tiempo, y no antes, lo vemos: hay camino hecho. Y también la alegría, acompañando nuevos crecimientos.

El recelo se torna apertura cuando uno se lanza y empieza de nuevo, la vida ilumina cada descubrimiento. El corazón se esponja cuando va siendo permeable y nada le es ajeno. Cuando cree posible cada paso o nuevo intento. Ocurren milagros, pequeños, frágiles, perceptibles, cotidianos, parecen eternos. La luz te acaricia la cara, el viento deja de ser molesto, la noche tiene su magia y las estrellas son la esperanza de los que hacen sus intentos. Pasos pequeños, uno tras otro. La escucha, el silencio, la confianza y la sencillez, buenos maestros. 

Somo seres frágiles cargados de una bendición. Veo, toco, escucho, siento, pienso, percibo, me doy cuenta, busco y encuentro... En tiempos de mudanza confío y creo. La vida no se guarda, se desvela, se brinda. Uno del que poco hablamos sabe de ésto, está muy cerca e invita, y yo ¿dónde me sostengo, cómo vivo la vida que  tengo?