viernes, 10 de mayo de 2013

algún día... quizás...

¿Para qué vamos a gastar dinero público en arreglar estas piedras? me dijo un hombre con aspecto cansado señalando un edificio que están restaurando en la parte vieja de la ciudad.  Es verdad que en tiempos de crisis arreglar "esas piedras" que ambos estábamos mirando, parece un lujo innecesario, prescindible, con la de cosas urgentes que hay por hacer. Y es cierto pero sólo en parte. También estas piedras son parte de la ciudad, su patrimonio artístico e histórico y otros que vengan después que nosotros las disfrutarán porque hoy unos han decidido conservarlas.

¿Cómo nos verán las generaciones siguientes? ¿Qué dirán de nosotros los que vivan años o siglos por delante? ¿Qué huella de nuestro paso por la vida quedará?

Algunas veces miro rincones de la ciudad y como la historia de siglos sale de cada piedra y rincón, no es difícil hacerse preguntas. Preguntarse cómo habrían vivido otros allí, cómo se enfrentaban a situaciones que hoy nos parece que sólo nosotros las vivimos cuando tantos y tantas han tenido experiencias como las nuestras en otros tiempos. La abuela Crescen esa señora que hasta los 100 años hizo flores de papel con sus manos para regalar y alegrar a otros me hablaba de estas cosas. En pocos días muchos acontecimientos y una misma sensación: estoy de paso. Hace pocos días despedimos a Marisa. Y ayer pensaba que ella ya no caminará por estas calles de su Pamplona que tanto quiso y que su marido Iñaki y su hijo Mikel pensarán que la ciudad ya no es la misma sin ella pero que gracias a que ella la vivió hay muchos rincones que  la recordarán y son parte de su historia.

Un día no caminaré por estas calles por las que hoy me gusta pasear, serán otros los que la pateen y habiten cosas similares o muy distintas a las mías. Pero habré estado, habré sido, soy parte de la vida de esta ciudad, y esta ciudad y sus gente, son parte mía. Y eso, aunque me vaya, viene conmigo. Y se queda en otros, que son vida conmigo, que soy vida con ellos. 

... Porque también de aquí hay que irse, suelo decirles a los de casa cuando sale esa vena de orden y dar puerta a cosas que vamos guardando y no acabamos de desprendernos. Siempre me acuerdo cuando tuvimos de vaciar la habitación de mi abuelo, aquello era un no acabar y me hizo pensar a mi corta edad que yo no quería eso, que intentaría vivir sin tantos trastos. Por eso con humor y sentido común, cada cierto tiempo, es reconfortante hacer limpieza. Nos preparamos para muchas cosas en la vida, pocas nos enseñan cómo vivir conscientemente para poder irnos sencillamente. ¿Se tratará de descubrirlas a medida que vivimos?

La sensación de que la vida es tan valiosa como frágil es cada vez más real para mí. En tiempos de contrastes y sentimientos ambivalentes ante despedidas de familiares, amigos, compañeros, quehaceres; noticias que celebrar y otras que digerir y aceptar; etapas de comienzo y de cierre, búsquedas y cambios... cada experiencia deja su mensaje, trae preguntas, reflexiones, retos y esperanzas. 

Sigo descubriendo cómo vivir mejor a cada paso, en lo pequeño y en lo grande, cada día. Sí, con ilusión por cada día que estreno. Intento vivir despierta, atenta, fiel a lo que descubro valioso e importante que tiene que ver más con el fondo que me habita, lo que no pasa aunque pasen muchas cosas. Quiero seguir confiando, dando lugar y espacio a otros mundos con creatividad, responsabilidad, lucidez y de las maneras más saludables posibles.

Esperaba con ganas este momento, este espacio en que posan las cosas que van pasando, las que me hacen ser, vivir, descubrir, dar sentido, dar lugar, soltar... una vez más.