viernes, 30 de agosto de 2013

por donde pasa la vida


Tus pies son como son.
Descalzarte, descansa.
Caminar descalzo, oxigena y relaja.
Sentir la naturaleza, abre.
Tocar el suelo, sitúa.





Quitarte los zapatos, tocar el suelo que pisas y sentir no más protección que la de tu piel. Caminar por el césped cuidado de un jardín, por el campo o en la arena de una playa siendo de vez en cuando acariciado por las olas. Estar sin más. Sentirte. Moverte. Percibir. Lo que surja. En libertad. Darte cuenta que estás, que eres alguien. 

Tus pasos te encaminan, aproximan o distancian... Según a dónde decidas ir y a dónde te dejes llevar. Soportan toda la carga de tu cuerpo y son los que en ocasiones dicen ¡basta! ¡me estás matando! Te invitan a conocerte.

Si alguien les preguntara podrían contar qué tipo de persona llevan encima, hacia dónde se dirigen; qué cuidados les prodigas, tras las huellas de quién van, el rastro que dejan en los lugares y personas por las que pasan, tus preferencias y repulsiones, la huella que ha quedado allí por dónde has andado; ante qué situaciones o ante quién sabes tú descalzarte y eres plenamente tú. Podrían contar tus andadas sí, tus traspiés, las zancadillas que pones a otros, de quiénes te proteges y defiendes -porque tus heridas hablan muchas veces y te aconsejan viejos males- en vez de decirte la posibilidad real que tienes delante y en la que te puedes encaminar. De esa te hablará otra voz, más callada, más de tus adentros, si sabes reconocerla entre otras más. Tus pies han vivido experiencias sanadoras que no siempre cuentan pero cuando se sienten capaces de expresar arrojan salud y te ayudan a ganar en frescura trayendo la promesa de una vida vivida con otro sabor y otro color. Puede que no callen porque contar les hace bien, hablarán con detalle de temperaturas y texturas sentidas y descubiertas. De tus distintos ritmos y los modos en los que te muestras. Hablarán y dirán también ellos si son pies que buscan o se conforman, si se arriesgan o repliegan, si avanzan o retroceden, que se equivocan de nuevo y qué aprenden, si permanecen tumbados o están habituados a huidas, si arrostran nuevos retos con ligereza y velocidad o mayor lentitud a paso seguro, si se hacen con la tierra que pisan o anhelan novedad… En cada situación y espacio que habitan.

Si tus pies hablaran seguramente hablarían de ti. Si escuchas más su voz, escucharás más la de tu cuerpo. Te escucharás más a ti. Tu cuerpo habla, cuenta, expresa, queja, se duele, guarda lo que tu boca calla, es el contenedor de todos tus secretos y también de tus maravillas. Lo que busca su momento de expresar tanto como lo que has querido ocultar o negar, aquello que contigo está en vías de sanar y hacerte capaz de mostrarte con mayor autenticidad, fuerza y fidelidad creativas. Escúchate. Puede que te resulte un aprendizaje costoso pero en él descubrirás quién eres. Te sorprenderás. Podrás vivir con los pies en la tierra. Tanto si te gusta como si no ahí tienes un mensaje. Tu experiencia, tu diálogo con la realidad, tus ruidos, tus sonidos, tu silencio, tu belleza también hablan. Escucha. Para saber que eres alguien vivo, más divino, más humano. Para habitar plenamente otro lugar en el mundo muchas veces desconocido: el tuyo. 


jueves, 29 de agosto de 2013

una vez más, sí de nuevo

Hay buenas sensaciones que nunca se olvidan. Cada uno colecciona las suyas o rasca en los recuerdos intentando recuperar algo de ellas cuando pasado mucho tiempo busca recuerdos placenteros. Esas sensaciones son con nosotros porque nos hacen ser personas con todo lo que somos. Disfrutar de cada acción y gozar de sus beneficios dicen que es la esencia de la felicidad.Tenemos esa capacidad, está en nosotros aunque nos distraigamos con otras muchas cosas luchando por poseerlas, por conquistarlas, por retenerlas, por y por y por.... A veces estamos tan lejos, otras tan fuera, cuando todo acontece tan cerca. La felicidad se nos da en la medida en que somos, en que dejamos que la vida pase y sea en nosotros.


El post de ayer reflejaba algo de eso. Eso que los niños saben y disfrutan tanto, incluso los que se acobardan y se muestran más tímidos o temerosos. Tirarte por el tobogán. Tirarte por el tobogán y dejarte caer. Soltando control y rigidez. Cayendo con tus miedos y resistencias. Dejándote. Para ir más allá de las cosas, para que mi confianza se permita vivir la experiencia. Igual te pasa como a mí. Puede que descubras que somos increíblemente amados por ser quienes somos. Algo tan personal como colectivo si compartiésemos esas sensaciones. 

Cuando somos la vida fluye y nosotros fluimos con la vida. Manuel en su blog lo reflejaba respondiendo a esta pregunta ¿No habrá que que empezar a dejar de hacer para hacer? Paradojas de la vida, también para ser habrá que dejar de hacer. Dejarnos hacer, dejar que acontezca, permitir que ocurra y vivir. Sí vivir sin tanto razonar y pasar por la cabeza. Vivirnos tal y como somos, tal y como estamos. Ahora. Hoy. Con lo que me pasa. Sentirnos frágiles y necesitados, no teniendo tanto miedo o escapando de nuestra vulnerabilidad. Nos va más ir de fuertes pero lo cierto es que no lo somos. En la debilidad también podemos hacernos vida. Esa sensación otra vez tan cerca: dejarme hacer de nuevo por ti.

miércoles, 28 de agosto de 2013

¿para qué tantas vueltas si podemos ser más sencillos?



"Sé paciente con todo lo que aún no está resuelto en tu corazón,
trata de amar tus propias dudas.
No busques respuestas que no se pueden dar
porque no serías capaz de soportarlas.
Lo importante es vivirlo todo: vive ahora las preguntas.
Tal vez así, poco a poco, sin darte cuenta,
puedas algún día, vivir las respuestas".
Rilke

martes, 27 de agosto de 2013

escoges tú

¿Cómo mides la vida? ¿A qué das peso e importancia?  Muchos te dirán otras cosas, yo te digo que la vida te la juegas en el amor.

La vida se mide según la experiencia del amor en tu día a día. Y si nos sabes amar, no importa, sé humilde y no cierres el corazón a nuevos aprendizajes, a la vida, a tu Dios.
Porque sólo abierto a la Vida tendrás vida no encerrándote ni resguardándote una y otra vez como mecanismo de protección.

La vida se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas. Se trata de lo que se dice y lo que se hace, lo que se elige decir o hacer, sea dañino o benéfico. Se trata de la amistad, la cual puede vivirse como una experiencia humanizante. Como humanizante es el amor que toca cada corazón, que transforma distancias y acompaña con presencia nuestras soledades y dolores.

Se trata del respeto, del cariño, de la capacidad de cuidar, de la pasión, de la ternura... de lo que hay dentro de ti. De la creatividad con que vivas, de cómo miras, de cómo escuchas, de tu cercanía, de lo cultivas y de cómo lo riegas. Actitudes y comportamientos que seguir desarrollando, reconociendo, valorando.

De cómo amas. De sí usas la vida para alimentar el corazón de otros, para hacerlos felices o si estás equivocando tus pasos en caminos que no te llevan a ninguna parte y te hacen sufrir a ti y a los demás.

Da pasos que te abran más allá de tus miserias, que te pongan en camino desde la sencillez y hagan salir de ti como quien se atreve a caminar con confianza.
Date la oportunidad de crecer, hacer crecer tu persona, en cada experiencia, en cada relación, en cada dificultad, en cada etapa de la vida. No tengas prisa ni quieras ir más rápido.
Date la oportunidad de dejarte querer, cuidar, acompañar y sostener... ¡una cara del amor muy necesaria y sanadora! 
Date la posibilidad de amarte cada día un poco más y poner amor en todo lo que haces. 

Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a vivir. Esas decisiones son de lo que se trata la vida. La vida que está en movimiento, que seguimos haciendo nueva y estrenando a cada momento.

lunes, 26 de agosto de 2013

cuando somos generosos y compartimos algo

Amantes y detractores de las nuevas tecnologías coinciden en que éstas posibilitan expresarnos pero no siempre comunicarnos. Hay una parte humana que a veces no se ve, queda oculta, que se puede incluso falsear si uno no quiere mostrarse en verdad. Y sin embargo, los que lo vivimos lo sabemos, la buena comunicación transforma las distancias incluso en las redes sociales cuando es verdadera cuando posibilita encuentros independientemente de la relación que se tenga con una persona. 

También sucede en la vida real. Cuando uno se abre, cuando nos abrimos, la vida fluye y nos sorprende. Posibilita relaciones y encuentros. Genera proximidad y cercanía. Cuando nos cerramos, nos quedamos como agua estancada, ahí no hay vida. Recientemente a la vida invitaba el Papa Francisco dialogando con los habitantes de una favela brasileña: cuando somos generosos y compartimos algo con alguien -algo de comer, un lugar en nuestra casa, nuestro tiempo, inquietudes, dificultades, descubrimientos, alegrías...- no nos hacemos más pobres sino que nos enriquecemos. Cuando alguien que necesita comer llama a su puerta, siempre encuentran ustedes un modo de compartir la comida; como dice el proverbio, siempre se puede «añadir más agua a los frijoles». Y hacerlo con amor, mostrando que la verdadera riqueza no está en las cosas, sino en el corazón. 


Facebook, Twitter, WhatsApp... Estos modos que se han ido haciendo hueco en nuestras vidas dotándolas de virtualidad, nos dan la posibilidad de contacto inmediato para entrelazarnos, encontrarnos, comunicarnos. Podemos enterarnos al instante de lo que está pasando en cualquier lugar del mundo que haya alguien dispuesto a contar algo, seguir noticias, participar en foros y grupos desde la libertad de expresión que queramos ejercer. Añadir imágenes y vídeos, reencontrar gente de épocas pasadas o de la presente, que viven tan lejos o tan cerca nuestra. Podemos darles usos diferentes según nuestros intereses y las posibilidades de cada canal. Decir que algo nos indigna y movilizarnos por esas u otras causas. Darle al nos parece divertido, interesante, guay. Mensajes en 140 caracteres y más según la plataforma que usemos. Interactuar, compartir con solo un clic, con un retuit, hacerlo tu favorito o dar al "Me gusta".

Los que vienen por detrás, los hijos de esta era, se mueven como peces en agua. Los que nos vamos encontrando estos lenguajes seguimos eligiendo qué uso hacer de ellos. Me atrevo a decir que buscamos humanizar las redes para que no sean espacios fríos ni meramente utilitarios. Lo que está claro es el poder de comunicación que hoy nos dan. Esta comunicación virtual ojalá traspase las pantallas, no quede ahí. Como dice mi amiga italiana, ojalá hagamos más consciente la comunicación en la vida de cada día, así como en las redes sociales, sepamos poner muchos más "Me gusta", "Gracias", "Te quiero", "Lo comparto", "Estoy contigo"...  en la vida real y no sólo con un enlace o un WhatsApp. Como dice Javier: ésto del internet está muy bien pero mucho más ¡que nos veamos! 

Ojalá apreciemos los buenos momentos de nuestras vidas, los que nos permiten espacios y tiempos para ser, para comunicarnos con mayor verdad. Favorezcamos la comunicación en nuestras relaciones y en las situaciones que habitamos, aunque no siempre sean como queremos o nos gustaría, son una oportunidad para salir de nosotros mismos y poner a tono nuestra apertura a lo que va viniendo.

No dejemos sólo para las redes sociales nuestro compartir tanto en los momentos luminosos como en aquellos en los que nos sentimos más tristes o agobiados. Pero tampoco despreciemos éstas redes que nos posibilitan seguir recreando la vida con los lenguajes de estos tiempos. Nuevas maneras de encuentros se pueden abrir en nosotros. Ventanas que ignorábamos y que nos muestran un horizonte más amplio. ¿Quién dice que no podamos caminar como quien busca avanzar sin conocer el camino sabiéndose guiado y acompañado?



 

viernes, 23 de agosto de 2013

¡me está pasando a mí! ¡qué bueno!

Así es y el que lo vive lo sabe. En la base de cada llamado, en cada encuentro importante, hay una conciencia fuerte de ser amado. Y la gran alegría que es poder decir ¡me está pasando a mí! ¡qué bueno! 

Esta experiencia es luminosa, mata el miedo y hace madurar, en el corazón la alegría de entregar la vida, de vivir cada día, de movilizar todo eso que cada uno somos y hace realidad lo que ya está vivo en el corazón. 

Cuando cada uno vive alegremente lo que es, cuando es una alegría que cada uno encuentre su camino en la vida,  no hay miedo de darse y descubrimos gestos de generosidad, alegría de vivir. 

De una manera misteriosa que no alcanzamos del todo a comprender, encuentros, personas, acontecimientos, lugares, palabras, quedan resonando en nosotros. Cuando escuchamos, comprendemos que sí o sí, muestran un camino, ese que solamente es nuestro.

Marta me escribe a través de una red social. Una enorme e inesperada sorpresa. Nos conocimos hace muchísimos años y compartimos un tiempo que recuerdo con cariño y dejó aprendizajes de esos que duran para toda la vida. A pesar de nuestra diferencia de edad nos llevábamos muy bien. Tomamos caminos distintos y nunca más volvimos a vernos ni a tener noticias. Hoy ella me sorprende y retoma el contacto después de tantísimos años y es como si hubiéramos hablado ayer por última vez. 

Leía su mensaje con alegría e incredulidad. Con su humor de siempre, con naturalidad y complicidad. Emocionante. Desbordante. ¡Me está pasando a mí! ¡Qué bueno! Estas alegrías que trae la vida y que nos hablan de regalos que no merecemos y sin embargo, recibimos.

jueves, 22 de agosto de 2013

dedicado especialmente hoy a Paula y a Juan

Una vez un rey citó a todos los sabios de la corte, y les manifestó:"Me he mandado hacer un precioso anillo con un diamante con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar oculto dentro del anillo, algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos.Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa dentro del diamante de mi anillo".
 
Todos aquellos que escucharon los deseos del rey eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados…Pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del poderoso rey.
 
El rey tenía muy próximo a él un sirviente muy querido. Este hombre había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto. Era tratado como parte de la familia y gozaba del respeto de todos.
 
El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

"No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje"

"¿Cómo lo sabes?" preguntó el rey.
 
"Durante mi larga vida en el palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un místico. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje".
 
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

- Pero no lo leas - dijo - Manténlo guardado en el anillo. Ábrelo solo cuando no encuentres salida en una situación.

Ese momento no tardó en llegar: el país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.
 
Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.
 
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento.

Simplemente decía "ESTO TAMBIÉN PASARÁ". Fue en ese momento que fue consciente que se cernía sobre él un gran silencio.
 
Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haber equivocado el camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio.Ya no se sentía el trotar de los caballos. El rey se sintió profundamente agradecido del sirviente y del místico desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.
 
Ese día en que entraba victorioso a la ciudad, hubo una gran celebración con música y baile ,y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, el anciano que nuevamente estaba a su lado, le dijo:

"Apreciado rey, ha llegado el momento para que leas nuevamente el mensaje del anillo"
 
"¿Qué quieres decir?" Preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.
 
"Escucha" dijo el anciano "Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero."
 
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba . 
 
El orgullo y el ego habían desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.
 
Entonces el anciano le dijo: "Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas."    

 ésto también pasará

 Lo que me cuesta, me pena, me duele y me hace sufrir ahora, pasará.
Lo que alegra, me reconforta, es motivo de fiesta y me hace sentir feliz también.
Todo se pasa. 
Puedo vivir la vida con lo que viene. Aprendiendo con ella.
Confiando sin desesperar, ver cómo flotar sin hundirme en días difíciles.
 Disfrutando, dando valor,  reconociendo y agradeciendo en días buenos. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

cada momento es un gran momento

Una vez en un ejercicio de comunicación en un curso nos preguntaron qué es lo único que salvaríamos y no perderíamos en un naufragio. Y comenzó una lluvia de sueños y respuestas de lo más inverosímiles y ocurrentes hasta que alguien dijo "lo que has vivido". Y esa respuesta flotó en el aire y quedó como un mensaje al que seguimos sacando jugo el resto del tiempo.

Sí sobrevivo lo que no podré perder es lo que he vivido. Lo que forma parte de mi vida: mis experiencias, mis aprendizajes y mis descubrimientos así como de mis errores y dificultades, mis creencias y valores, mis afectos, todo lo que me configura y hace ser la persona que soy hoy. 

Muchas veces nos aferramos a cosas, a personas, a recuerdos, a épocas pasadas y se nos pasa lo que en verdad es nuestro: lo que hemos vivido, lo que estamos viviendo. Algo que ni un naufragio nos puede quitar. 

Muchas veces nos parece que algunas situaciones y rupturas nos dejan sin rumbo, que nuestras tormentas nos hacen naufragar y perdemos la esperanza de sobrevivir y llegar a buen puerto. Sin embargo, no hay borrasca que dure para siempre ni laberinto del que no sea posible salir por propio pie y con el apoyo de compañeros de navegación.

Cada momento es único y especial. 
No te lo pierdas.

lunes, 19 de agosto de 2013

¿Qué hace mi vida sostenible?
agua, comida, descanso, salud, seguridad, amor, 
humor, amistad, confianza, esperanza, ilusión, proyectos...
 (Jaime Tatay)

Hay un "Carpe Diem" necesario, 
consiste en extraer todo el meollo de la vida, 
aprovechar cada jornada y vivir con intensidad. ¡Vamos!
(JMª Olaizola)

¿Qué hace tu vida sostenible? 
Te deseo una semana sostenible

sábado, 17 de agosto de 2013



Hay épocas de decisiones y hay momentos de transición.
Qué bien poder vivirlos conscientemente. 
Con tranquilidad. Sin drama. Con valentía.
Enfocarme en lo que está en mi mano. Elegir crecer. 
Vida en movimiento.
 Con ilusión. Con la fuerza de la vulnerabilidad. Con confianza. 
Ser consciente del ritmo de mi respiración y del peso de mis pasos.
Darme cuenta de las cosas. Oídos bien abiertos. Corazón despierto.
Sosteniendo la mirada. Descubrir los matices.
Con una sonrisa esperanzadora, optimista, nada ingenua.
Sí, superando miedos, no dejándoles cancha libre.
Sí, atravesando confusiones, cansancio e incertidumbre.
Permitirme ser frágil y levantarme las veces que haga falta.
Hay tiempos de preparativos. 
Qué bien disfrutar de los preparativos, elegir cómo y qué hacer.
Tiempos aún por estrenar, esos que están por llegar.
Y esperar, confiadamente, que vendrá algo bueno. 
Construir con ese corazón que sabe dialogar con la cabeza. 
Sacando a la luz la mejor versión de una misma.  
Hay tiempos de cerrar ciclos y etapas. 
Sí. No. Quiero. No quiero. Punto y seguido. 
Punto y aparte. Corto y cambio. 
Poner límite... Basta. Hasta aquí.
Y ¡qué bien! ¡qué sano!
Y reír, llorar, soltar, cortar, abrir, cerrar, oxigenar y ventilar.
Para ir más ligero. Para que lo que no sirve quede atrás.
Para ganar en salud.
 Para que lo desencajando pueda encajar... o no.
Para desatascar rollos reincidentes. Para no repetirnos como un yo-yo.
Y no dejar pasar un sólo día más y continuar con renovada energía. 
Algo nuevo puede surgir. 
Hay caminos de crecimiento y libertad.
Qué bien poder caminar hoy.
Cambios necesarios. Actitud creadora. Felicidad posible. Incluso novedad.
Descansar. Y dejarnos acompañar. Ser protagonistas.
Compartir la Vida.  
Agradecer el camino andado y sonreír al que aún queda por andar.
Celebrar la Vida que comienza cada día y todas sus bendiciones.
Las personas que una vez estuvieron y formaron parte de nuestra vida.
Las que hoy están.  Las que vendrán y están por llegar.
Por cada oportunidad de vivir que llega una y otra vez.
Sorprendiéndonos, empujándonos, haciéndonos cosquillas... ¡de tantas maneras!
 Hacer lo mejor que una pueda.
Para ir a un lugar distinto.

jueves, 15 de agosto de 2013

a medida que camines

La confianza va estrenándose con atrevimiento y discernimiento. De la mano de la valentía precoz en vías de desarrollo y el miedo acuciante que pone en guardia y reta a ser desafiado. La experiencia del temor es personal y las consecuencias son universales. Cuando el temor nos atrapa, nos encierra, corta de cuajo cualquier brote vital que se haya sembrado en lo profundo del corazón. 

Sin embargo hasta un corazón asustadizo es capaz de recibir la fuerza del amor necesario para hacerse fuerte. Y en medio de su debilidad ser.

lunes, 12 de agosto de 2013

dedicado a Juanjo & Amaia


"He perseguido sueños vanos,
he comprado tesoros vacíos.
He querido aprisionar amores
y he cerrado con llave mi hogar,
para que no lo invadan.

He vestido mis dudas con falsas certezas
y he tratado de matar mis anhelos cerrando mis ojos, pero, al final vuelvo a estar
desnudo y temblando,
hasta que, al encontrarte, todo cambia.


Tu llamada me pone en camino,
tesoro por el que lo vendo todo y soy tan pobre y tan rico.
Tu palabra despierta la pasión.
Tu vida es lección que me enseña a vivir,
a querer, a saltar al vacío.

Contigo, los sueños son posibles, los tesoros infinitos, el amor eterno.
La puerta está abierta, y el hogar repleto,
de momentos, de historias, de encuentros.
La fe arriesga y el miedo calla.

Me visto de ti, en mi debilidad tu fuerza, y todo encaja... "
  
" Peregrinar:por fuera y por dentro ", José Mª Rodríguez Olaizola, SJ

viernes, 9 de agosto de 2013

por donde es posible

La de anoche fue una noche de lindas sorpresas, de esas que no me cabe ninguna duda que permanecerán en la memoria de nuestra familia para siempre. Casi tan mágica como la noche de Reyes o como esos deseos que se piden a un estrella fugaz esperando con todas nuestras fuerzas que puedan cumplirse.

La verdad honda nos dice que, en lo profundo de nosotros no sólo late un corazón, sino también un Dios que inspira en cada persona una forma de ser humano que, si le dejáramos, haría de este mundo un lugar fascinante. Y eso ocurre en muchas ocasiones que lo permitimos, que lo dejamos. El milagro ocurre cada vez que dejamos abierto ese lugar por donde es posible que entre lo inesperado, lo sorpresivo... la Vida.

Esta noche me estoy tomando tiempo. Vivimos tan rápido que a veces apenas nos tomamos tiempo para asimilar las experiencias que tenemos, y esta noche lo merece, aunque es tarde y mañana voy a tener mucho sueño, elijo quedarme así, contemplando, saboreando, agradeciendo lo que hace pocas horas vivíamos. En este silencio necesario y envolvente como estrella que ilumina la noche con luz intensa y clara. 

Llegaba en forma de sorpresa inesperada para algunos y sostenida en silencio por otros. ¡¡¡La venida de dos personas muy queridas desde el otro lado del mundo para un acontecimiento familiar importante que celebramos mañana: la boda de mi hermana!!!! La emoción del encuentro no se puede expresar con palabras, son esas cosas que hay que vivirlas, bocas abiertas, caras de sorpresa e incredulidad; sí lágrimas, muchas lágrimas y una gran alegría, de esa que acelera el corazón, escapa la comprensión y brota con mucho agradecimiento hacia quienes están, quienes lo han preparado y hoy están aquí. Esta noche que es una de las noches en la que de este lado del mundo se sale a ver si se ve alguna estrella fugaz, a nosotros nos deslumbró una con un gran deseo cumplido: la presencia de dos personas muy queridas entre nosotros. 

Y horas más tarde me salía un compartir continuado, por escrito, con esa familia extensa que se quedó del otro lado del charco y con la que salía de corazón contarles lo que había pasado, lo que habíamos vivido... tanta emoción y esos momentos especiales que no puedes guardar y ya han tenido sus primeros ecos en la misma sintonía. Y hoy contado a gente de por aquí y una vez más agradecida y acompañada por la presencia de personas con tanto corazón y con un amistad a prueba de años y distancia.

Me gusta mucho preparar sorpresas y alegrar la vida de mi gente, también es una parte de mi trabajo intentar facilitar experiencias positivas con este fin. Hoy fui yo una de las personas sorprendidas junto con mi marido y mi hermana, la destinataria de la sorpresa. Y me encanta. Este hecho me sitúa en otro papel: el de quién recibe, quien permita que ocurra, quien es sorprendida también. Yo sabía que había una sorpresa y aunque la curiosidad y las alternativas posibles eran muchas, me dejé sorprender y me encantó ser sorprendida.

Y pensaba en esta imagen tomada hace pocos días unida a lo vivido, lo expresado, lo callado, lo recibido... Y me siento como cuando después de una buena película uno se queda en el asiento del cine o en el sillón de casa y se toma su tiempo antes de salir o ir a hacer otra cosa.

Creo que también ésto sucede cuando nuestra actitud ante la vida es de apertura ante los acontecimientos, ante los posibles cambios y ante la misma realidad. Cuando dejamos una ventana abierta, un lugar, un espacio por donde la vida puede colarse y encontrarnos. 

Lo digo en más de una ocasión, por experiencia personal y profesional en contacto con gente tan diversa, solemos protegernos, algunos más que otros. Solemos echar cerradura y freno a la felicidad, siendo los primeros boicoteadores e incluso a veces llegar a creer que uno no merece que le ocurra nada bueno. Ahí hay un trabajo personal de curación, de aprender a recibir, a dar, a interactuar, a asombrarse, a creer, de crecer... algo posible.

Necesitamos cultivar esa actitud de apertura, ese estar abiertos a la vida y a las sorpresas que la vida traiga. No poner tantos filtros ni sospechas no tener tanto miedo de no controlar la situación, de no saber el paso siguiente, de no conocerlo todo... Cuando no tenemos tanto miedo y elegimos soltar el control, nos abrimos a la posibilidad. ¡A múltiples posibilidades! Y las posibilidad no son una ni dos son infinitas. Cuando estamos en disposición de fluir con la vida y lo permitimos, todo es más sencillo.

Y como anoche, con esta venida sorpresa, como con tantos acontecimientos de nuestra vida, la realidad es sorprendente. Los milagros ocurren y una lluvia de estrellas fugaces nos puede sorprender a cada uno, de mil maneras. Simplemente ocurre. Porque nos hemos dado la oportunidad de esperar y hemos creído como un niño que todo lo espera. La Vida siempre sorprende. Hoy puede ser ese día, hoy éste día te puede sorprender ¿dejarás que suceda?

miércoles, 7 de agosto de 2013

pa' lante!!!


Una persona valiente sabe que la vida es demasiado corta para vivir siempre dudando.
Una persona valiente cuida su sueño como a una flor que enflorece solo una vez en la vida.
Una persona valiente no permite a otras sin valentía que denigren sus sueños.
Una persona valiente conoce el miedo pero ha ido descubriendo que el miedo jamás le ha traído las satisfacciones y los aprendizajes que la valentía le da. 

Una persona valiente reconoce que tiene miedo pero va conociendo lo que es la confianza, se anima y se lanza a dar pasos o un buen salto... lo que haga falta.
Una persona valiente sabe que el éxito no representa lo que puedas hacer sino la actitud con la que haces las cosas, así que se arriesga y hace las cosas. 

Una persona valiente va descubriendo que poco importan los fracasos lo que le preocupa es no haberlo intentado.
Una persona valiente confía en la intuición y escucha a su corazón para que le guíe.
Una persona valiente mira el mundo con el corazón no solo con la mente y se abre a un abanico de aprendizajes.

Con una persona valiente, cualquiera se siente acompañado y disfruta de su compañía.
Una persona valiente encuentra en la fe apoyo, la práctica le aporta la fuerza, el amor le da alas y la esperanza la construye todos los días porque es la base de su felicidad.

Elige la valentía… Nadie ha levantado jamás una estatua al miedo. Este mundo necesita gente valiente, que esté, que se anime, que dé pasos y se comprometa. Y si no consideras tener todavía la fuerza suficiente, no dejes que el miedo decida por ti sino que sea la fuerza que llevas dentro y estás aún por conocer y descubrir la que te ayude a dar los pasos de crecimiento y madurez que tu vida necesita.
Una persona valiente no busca la comodidad ni se recrea en la queja, intenta aprender de cada experiencia que vive para poder evolucionar. Se siente en construcción y camina en diálogo con la vida. Cada día.

martes, 6 de agosto de 2013

experiencias y aprendizajes

Me acuerdo de un sábado a la noche de hace muchísimos años, en la casa de Mariana, en el barrio de Devoto, en la ciudad de Buenos Aires. No éramos amigas pero nos vincularon por entonces algunos lugares comunes. Esa noche me tocó a mí, por el hecho de estar ahí y ser externa a aquel lugar, alguien con quien Mariana podía desahogarse. Expresaba cierta decepción y queja con respecto a otra persona con la que convivía, se sentía un poco asfixiada en ese momento y tenía sus motivos para mostrar su cansancio. Para mí ese mundo, el suyo, era nuevo y lo veía con cierto aire idílico, pero aquella noche descubrí que de eso nada, no dejaba de ser otro espacio habitado por personas comunes y corrientes con sus aciertos y errores, con sus imperfecciones y conflictos, como todo el mundo. Aunque a mí me pareciera gente increíble no tenían nada especial, salvo porque yo le atribuía un valor especial porque para mí significaban algo con lo que yo me identificaba. Ni mejores ni peores, sólo personas. Es lo que una después descubre en contacto con tantas personas a partir de sus propias experiencias de vida.
Por aquel entonces no era capaz de verlo así mi ideal era más fuerte pero intuía por dónde podían ir algunas cosas, que el tiempo y mis experiencias, me han confirmado, afianzado, desmitificado o tirado por tierra. También yo como ella me podría ilusionar y desilusionar, alegrar y desesperar, ganar y perder el entusiasmo, cansarme, criticar y quejarme con quien pueda escucharme, a veces de buenas maneras y otras que aprender a vivir mejor. Simplemente porque somos humanos y todos en algún momento necesitamos encontrar la manera de expresar lo que sentimos y nos está pasando.
Muchas veces recuerdo esa conversación con Mariana. Recuerdo su libertad para hablar, me resultaba envidiable y pensé que ojalá algún día yo me atreviera a abrirme así con otra persona. Recuerdo que la escuché con cariño y con atención, con respeto, lo único que se me ocurrió fue eso, estar así con ella. No sabía qué podía decirle que la hiciera sentir mejor. Su dificultad a mí me quedaba grande y decir por decir no me salía, aunque quería parecer que entendía de lo que me hablaba, lo cierto es que no tenía ni idea. Por eso sólo pude estar, escucharla y al final darle un abrazo. Con los años descubrí que eso muchas veces es mucho más importante que las palabras y nuestras mejores intenciones cuando estamos frente a otro.
Al día siguiente ella vino a buscarme para disculparse, sentía que había dicho muchas cosas de las que se sentía un poco avergonzada y no quería condicionar lo que yo estaba viviendo. Lo que hablamos esa mañana siguiente es algo que me gusta recordar. Me hizo bien. Me ayudó en ese momento que compartimos las dos. Lo lindo es que iluminó muchos momentos más. Otros momentos que yo me sentí como ella y necesité la escucha de alguien que pudiera acompañarme. A veces la encontré y otras veces no pero confié y en silencio, me sentí acompañada por esas experiencias que había vivido y habían dejado su mensaje de fondo para momentos así. 
Recordarlo hoy es traer al presente un pedacito de mi historia, esa que se teje y nutre en la lectura que hacemos de la realidad, el diálogo con ella y en la calidad de encuentros con personas distintas que están o aparecen en momentos puntuales o etapas distintas de la vida. 
Esa mañana hablando con Mariana aprendí que cada persona tenemos nuestras propias experiencias y tenemos que hacer nuestros propios aprendizajes. Yo te puedo acompañar o estar cerca tuya y viceversa y eso está bien y es importante. Pero no sirve de nada que yo lo haga por ti ni que te dé las respuestas porque sería como darte una fruta masticada. Podemos buscar juntos e intentar comprender algo, pero nadie puede descubrir algo por ti, en tu lugar. 
Cada uno, desde nuestra libertad, madurez y capacidad que nos da cada edad, cada tiempo, tenemos que hacer ese camino, el proceso vital necesario para aprender, para descubrir, para darnos cuenta, de lo nuestro.
Mi recuerdo de hoy es para Mariana esté donde esté y el aprendizaje de aquel fin de semana de enero de 1991 se actualiza en las experiencias que sigo haciendo hoy también.

domingo, 4 de agosto de 2013

cada cosa que vivimos

Hay muchas maneras de estar en un lugar, tantos como distintas somos las personas y el significado que damos a lo que nos pasa. Según nuestra manera de mirar y de estar en nuestro lugar en el mundo, generalmente así nos mostraremos, exceptuando esas ocasiones que no nos mostramos como realmente somos. Es lo que hay, decimos. Y lo que hay no se puede ocultar mucho tiempo si uno quiere vivir en verdad, sabemos que es mejor, que salga, que quien uno es sea, surja y se vea.

Anoche se casó una gran amiga, María. Y una vez más fui testigo de cada expresión de una noche de fiesta inolvidable. Detalles, signos, preparados por ellos y sus familias, pero mensajes claros y específicos que no dan lugar a ambigüedades porque independientemente de la relación que tenga cada uno, todos los captamos. 

Cuando conoces mucho a alguien y sabes quién es, no hacen falta grandes palabras aunque también son necesarias y ayer salía decirlas de corazón. Qué buenos esos momentos que no nos da pudor decirnos. Cuando no perdemos ocasión de expresar agradecimiento o que nos queremos, nos alegramos y deseamos lo mejor, Cuando conoces mucho a alguien y sabes su historia y has compartido buenos y malos momentos, sabes lo que ha sufrido, lo que ha luchado, el valor de lo que hoy tiene, el significado del día de ayer era precioso de presenciar no sólo por el hecho de la boda sino por el significado de cada cosa que vivimos.

Hubo cantos con mensajes muy claros en la misa de boda. Mensajes especialmente elegidos. Que no solamente son letras y músicas sino que transmiten situaciones sentidas, experimentadas, que van tomando cuerpo a medida que uno vive, confía, desconfía, se hace preguntas, llora, sufre, se alegra, se ilusiona, se sorprende y un buen día como ayer puede hacer fiesta con todo lo que ha llegado a ser, gracias a todos y a cada uno de esos momentos, sin prescindir de ninguno.