domingo, 4 de agosto de 2013

cada cosa que vivimos

Hay muchas maneras de estar en un lugar, tantos como distintas somos las personas y el significado que damos a lo que nos pasa. Según nuestra manera de mirar y de estar en nuestro lugar en el mundo, generalmente así nos mostraremos, exceptuando esas ocasiones que no nos mostramos como realmente somos. Es lo que hay, decimos. Y lo que hay no se puede ocultar mucho tiempo si uno quiere vivir en verdad, sabemos que es mejor, que salga, que quien uno es sea, surja y se vea.

Anoche se casó una gran amiga, María. Y una vez más fui testigo de cada expresión de una noche de fiesta inolvidable. Detalles, signos, preparados por ellos y sus familias, pero mensajes claros y específicos que no dan lugar a ambigüedades porque independientemente de la relación que tenga cada uno, todos los captamos. 

Cuando conoces mucho a alguien y sabes quién es, no hacen falta grandes palabras aunque también son necesarias y ayer salía decirlas de corazón. Qué buenos esos momentos que no nos da pudor decirnos. Cuando no perdemos ocasión de expresar agradecimiento o que nos queremos, nos alegramos y deseamos lo mejor, Cuando conoces mucho a alguien y sabes su historia y has compartido buenos y malos momentos, sabes lo que ha sufrido, lo que ha luchado, el valor de lo que hoy tiene, el significado del día de ayer era precioso de presenciar no sólo por el hecho de la boda sino por el significado de cada cosa que vivimos.

Hubo cantos con mensajes muy claros en la misa de boda. Mensajes especialmente elegidos. Que no solamente son letras y músicas sino que transmiten situaciones sentidas, experimentadas, que van tomando cuerpo a medida que uno vive, confía, desconfía, se hace preguntas, llora, sufre, se alegra, se ilusiona, se sorprende y un buen día como ayer puede hacer fiesta con todo lo que ha llegado a ser, gracias a todos y a cada uno de esos momentos, sin prescindir de ninguno.