lunes, 26 de agosto de 2013

cuando somos generosos y compartimos algo

Amantes y detractores de las nuevas tecnologías coinciden en que éstas posibilitan expresarnos pero no siempre comunicarnos. Hay una parte humana que a veces no se ve, queda oculta, que se puede incluso falsear si uno no quiere mostrarse en verdad. Y sin embargo, los que lo vivimos lo sabemos, la buena comunicación transforma las distancias incluso en las redes sociales cuando es verdadera cuando posibilita encuentros independientemente de la relación que se tenga con una persona. 

También sucede en la vida real. Cuando uno se abre, cuando nos abrimos, la vida fluye y nos sorprende. Posibilita relaciones y encuentros. Genera proximidad y cercanía. Cuando nos cerramos, nos quedamos como agua estancada, ahí no hay vida. Recientemente a la vida invitaba el Papa Francisco dialogando con los habitantes de una favela brasileña: cuando somos generosos y compartimos algo con alguien -algo de comer, un lugar en nuestra casa, nuestro tiempo, inquietudes, dificultades, descubrimientos, alegrías...- no nos hacemos más pobres sino que nos enriquecemos. Cuando alguien que necesita comer llama a su puerta, siempre encuentran ustedes un modo de compartir la comida; como dice el proverbio, siempre se puede «añadir más agua a los frijoles». Y hacerlo con amor, mostrando que la verdadera riqueza no está en las cosas, sino en el corazón. 


Facebook, Twitter, WhatsApp... Estos modos que se han ido haciendo hueco en nuestras vidas dotándolas de virtualidad, nos dan la posibilidad de contacto inmediato para entrelazarnos, encontrarnos, comunicarnos. Podemos enterarnos al instante de lo que está pasando en cualquier lugar del mundo que haya alguien dispuesto a contar algo, seguir noticias, participar en foros y grupos desde la libertad de expresión que queramos ejercer. Añadir imágenes y vídeos, reencontrar gente de épocas pasadas o de la presente, que viven tan lejos o tan cerca nuestra. Podemos darles usos diferentes según nuestros intereses y las posibilidades de cada canal. Decir que algo nos indigna y movilizarnos por esas u otras causas. Darle al nos parece divertido, interesante, guay. Mensajes en 140 caracteres y más según la plataforma que usemos. Interactuar, compartir con solo un clic, con un retuit, hacerlo tu favorito o dar al "Me gusta".

Los que vienen por detrás, los hijos de esta era, se mueven como peces en agua. Los que nos vamos encontrando estos lenguajes seguimos eligiendo qué uso hacer de ellos. Me atrevo a decir que buscamos humanizar las redes para que no sean espacios fríos ni meramente utilitarios. Lo que está claro es el poder de comunicación que hoy nos dan. Esta comunicación virtual ojalá traspase las pantallas, no quede ahí. Como dice mi amiga italiana, ojalá hagamos más consciente la comunicación en la vida de cada día, así como en las redes sociales, sepamos poner muchos más "Me gusta", "Gracias", "Te quiero", "Lo comparto", "Estoy contigo"...  en la vida real y no sólo con un enlace o un WhatsApp. Como dice Javier: ésto del internet está muy bien pero mucho más ¡que nos veamos! 

Ojalá apreciemos los buenos momentos de nuestras vidas, los que nos permiten espacios y tiempos para ser, para comunicarnos con mayor verdad. Favorezcamos la comunicación en nuestras relaciones y en las situaciones que habitamos, aunque no siempre sean como queremos o nos gustaría, son una oportunidad para salir de nosotros mismos y poner a tono nuestra apertura a lo que va viniendo.

No dejemos sólo para las redes sociales nuestro compartir tanto en los momentos luminosos como en aquellos en los que nos sentimos más tristes o agobiados. Pero tampoco despreciemos éstas redes que nos posibilitan seguir recreando la vida con los lenguajes de estos tiempos. Nuevas maneras de encuentros se pueden abrir en nosotros. Ventanas que ignorábamos y que nos muestran un horizonte más amplio. ¿Quién dice que no podamos caminar como quien busca avanzar sin conocer el camino sabiéndose guiado y acompañado?