sábado, 17 de agosto de 2013



Hay épocas de decisiones y hay momentos de transición.
Qué bien poder vivirlos conscientemente. 
Con tranquilidad. Sin drama. Con valentía.
Enfocarme en lo que está en mi mano. Elegir crecer. 
Vida en movimiento.
 Con ilusión. Con la fuerza de la vulnerabilidad. Con confianza. 
Ser consciente del ritmo de mi respiración y del peso de mis pasos.
Darme cuenta de las cosas. Oídos bien abiertos. Corazón despierto.
Sosteniendo la mirada. Descubrir los matices.
Con una sonrisa esperanzadora, optimista, nada ingenua.
Sí, superando miedos, no dejándoles cancha libre.
Sí, atravesando confusiones, cansancio e incertidumbre.
Permitirme ser frágil y levantarme las veces que haga falta.
Hay tiempos de preparativos. 
Qué bien disfrutar de los preparativos, elegir cómo y qué hacer.
Tiempos aún por estrenar, esos que están por llegar.
Y esperar, confiadamente, que vendrá algo bueno. 
Construir con ese corazón que sabe dialogar con la cabeza. 
Sacando a la luz la mejor versión de una misma.  
Hay tiempos de cerrar ciclos y etapas. 
Sí. No. Quiero. No quiero. Punto y seguido. 
Punto y aparte. Corto y cambio. 
Poner límite... Basta. Hasta aquí.
Y ¡qué bien! ¡qué sano!
Y reír, llorar, soltar, cortar, abrir, cerrar, oxigenar y ventilar.
Para ir más ligero. Para que lo que no sirve quede atrás.
Para ganar en salud.
 Para que lo desencajando pueda encajar... o no.
Para desatascar rollos reincidentes. Para no repetirnos como un yo-yo.
Y no dejar pasar un sólo día más y continuar con renovada energía. 
Algo nuevo puede surgir. 
Hay caminos de crecimiento y libertad.
Qué bien poder caminar hoy.
Cambios necesarios. Actitud creadora. Felicidad posible. Incluso novedad.
Descansar. Y dejarnos acompañar. Ser protagonistas.
Compartir la Vida.  
Agradecer el camino andado y sonreír al que aún queda por andar.
Celebrar la Vida que comienza cada día y todas sus bendiciones.
Las personas que una vez estuvieron y formaron parte de nuestra vida.
Las que hoy están.  Las que vendrán y están por llegar.
Por cada oportunidad de vivir que llega una y otra vez.
Sorprendiéndonos, empujándonos, haciéndonos cosquillas... ¡de tantas maneras!
 Hacer lo mejor que una pueda.
Para ir a un lugar distinto.