viernes, 9 de agosto de 2013

por donde es posible

La de anoche fue una noche de lindas sorpresas, de esas que no me cabe ninguna duda que permanecerán en la memoria de nuestra familia para siempre. Casi tan mágica como la noche de Reyes o como esos deseos que se piden a un estrella fugaz esperando con todas nuestras fuerzas que puedan cumplirse.

La verdad honda nos dice que, en lo profundo de nosotros no sólo late un corazón, sino también un Dios que inspira en cada persona una forma de ser humano que, si le dejáramos, haría de este mundo un lugar fascinante. Y eso ocurre en muchas ocasiones que lo permitimos, que lo dejamos. El milagro ocurre cada vez que dejamos abierto ese lugar por donde es posible que entre lo inesperado, lo sorpresivo... la Vida.

Esta noche me estoy tomando tiempo. Vivimos tan rápido que a veces apenas nos tomamos tiempo para asimilar las experiencias que tenemos, y esta noche lo merece, aunque es tarde y mañana voy a tener mucho sueño, elijo quedarme así, contemplando, saboreando, agradeciendo lo que hace pocas horas vivíamos. En este silencio necesario y envolvente como estrella que ilumina la noche con luz intensa y clara. 

Llegaba en forma de sorpresa inesperada para algunos y sostenida en silencio por otros. ¡¡¡La venida de dos personas muy queridas desde el otro lado del mundo para un acontecimiento familiar importante que celebramos mañana: la boda de mi hermana!!!! La emoción del encuentro no se puede expresar con palabras, son esas cosas que hay que vivirlas, bocas abiertas, caras de sorpresa e incredulidad; sí lágrimas, muchas lágrimas y una gran alegría, de esa que acelera el corazón, escapa la comprensión y brota con mucho agradecimiento hacia quienes están, quienes lo han preparado y hoy están aquí. Esta noche que es una de las noches en la que de este lado del mundo se sale a ver si se ve alguna estrella fugaz, a nosotros nos deslumbró una con un gran deseo cumplido: la presencia de dos personas muy queridas entre nosotros. 

Y horas más tarde me salía un compartir continuado, por escrito, con esa familia extensa que se quedó del otro lado del charco y con la que salía de corazón contarles lo que había pasado, lo que habíamos vivido... tanta emoción y esos momentos especiales que no puedes guardar y ya han tenido sus primeros ecos en la misma sintonía. Y hoy contado a gente de por aquí y una vez más agradecida y acompañada por la presencia de personas con tanto corazón y con un amistad a prueba de años y distancia.

Me gusta mucho preparar sorpresas y alegrar la vida de mi gente, también es una parte de mi trabajo intentar facilitar experiencias positivas con este fin. Hoy fui yo una de las personas sorprendidas junto con mi marido y mi hermana, la destinataria de la sorpresa. Y me encanta. Este hecho me sitúa en otro papel: el de quién recibe, quien permita que ocurra, quien es sorprendida también. Yo sabía que había una sorpresa y aunque la curiosidad y las alternativas posibles eran muchas, me dejé sorprender y me encantó ser sorprendida.

Y pensaba en esta imagen tomada hace pocos días unida a lo vivido, lo expresado, lo callado, lo recibido... Y me siento como cuando después de una buena película uno se queda en el asiento del cine o en el sillón de casa y se toma su tiempo antes de salir o ir a hacer otra cosa.

Creo que también ésto sucede cuando nuestra actitud ante la vida es de apertura ante los acontecimientos, ante los posibles cambios y ante la misma realidad. Cuando dejamos una ventana abierta, un lugar, un espacio por donde la vida puede colarse y encontrarnos. 

Lo digo en más de una ocasión, por experiencia personal y profesional en contacto con gente tan diversa, solemos protegernos, algunos más que otros. Solemos echar cerradura y freno a la felicidad, siendo los primeros boicoteadores e incluso a veces llegar a creer que uno no merece que le ocurra nada bueno. Ahí hay un trabajo personal de curación, de aprender a recibir, a dar, a interactuar, a asombrarse, a creer, de crecer... algo posible.

Necesitamos cultivar esa actitud de apertura, ese estar abiertos a la vida y a las sorpresas que la vida traiga. No poner tantos filtros ni sospechas no tener tanto miedo de no controlar la situación, de no saber el paso siguiente, de no conocerlo todo... Cuando no tenemos tanto miedo y elegimos soltar el control, nos abrimos a la posibilidad. ¡A múltiples posibilidades! Y las posibilidad no son una ni dos son infinitas. Cuando estamos en disposición de fluir con la vida y lo permitimos, todo es más sencillo.

Y como anoche, con esta venida sorpresa, como con tantos acontecimientos de nuestra vida, la realidad es sorprendente. Los milagros ocurren y una lluvia de estrellas fugaces nos puede sorprender a cada uno, de mil maneras. Simplemente ocurre. Porque nos hemos dado la oportunidad de esperar y hemos creído como un niño que todo lo espera. La Vida siempre sorprende. Hoy puede ser ese día, hoy éste día te puede sorprender ¿dejarás que suceda?