viernes, 30 de agosto de 2013

por donde pasa la vida


Tus pies son como son.
Descalzarte, descansa.
Caminar descalzo, oxigena y relaja.
Sentir la naturaleza, abre.
Tocar el suelo, sitúa.





Quitarte los zapatos, tocar el suelo que pisas y sentir no más protección que la de tu piel. Caminar por el césped cuidado de un jardín, por el campo o en la arena de una playa siendo de vez en cuando acariciado por las olas. Estar sin más. Sentirte. Moverte. Percibir. Lo que surja. En libertad. Darte cuenta que estás, que eres alguien. 

Tus pasos te encaminan, aproximan o distancian... Según a dónde decidas ir y a dónde te dejes llevar. Soportan toda la carga de tu cuerpo y son los que en ocasiones dicen ¡basta! ¡me estás matando! Te invitan a conocerte.

Si alguien les preguntara podrían contar qué tipo de persona llevan encima, hacia dónde se dirigen; qué cuidados les prodigas, tras las huellas de quién van, el rastro que dejan en los lugares y personas por las que pasan, tus preferencias y repulsiones, la huella que ha quedado allí por dónde has andado; ante qué situaciones o ante quién sabes tú descalzarte y eres plenamente tú. Podrían contar tus andadas sí, tus traspiés, las zancadillas que pones a otros, de quiénes te proteges y defiendes -porque tus heridas hablan muchas veces y te aconsejan viejos males- en vez de decirte la posibilidad real que tienes delante y en la que te puedes encaminar. De esa te hablará otra voz, más callada, más de tus adentros, si sabes reconocerla entre otras más. Tus pies han vivido experiencias sanadoras que no siempre cuentan pero cuando se sienten capaces de expresar arrojan salud y te ayudan a ganar en frescura trayendo la promesa de una vida vivida con otro sabor y otro color. Puede que no callen porque contar les hace bien, hablarán con detalle de temperaturas y texturas sentidas y descubiertas. De tus distintos ritmos y los modos en los que te muestras. Hablarán y dirán también ellos si son pies que buscan o se conforman, si se arriesgan o repliegan, si avanzan o retroceden, que se equivocan de nuevo y qué aprenden, si permanecen tumbados o están habituados a huidas, si arrostran nuevos retos con ligereza y velocidad o mayor lentitud a paso seguro, si se hacen con la tierra que pisan o anhelan novedad… En cada situación y espacio que habitan.

Si tus pies hablaran seguramente hablarían de ti. Si escuchas más su voz, escucharás más la de tu cuerpo. Te escucharás más a ti. Tu cuerpo habla, cuenta, expresa, queja, se duele, guarda lo que tu boca calla, es el contenedor de todos tus secretos y también de tus maravillas. Lo que busca su momento de expresar tanto como lo que has querido ocultar o negar, aquello que contigo está en vías de sanar y hacerte capaz de mostrarte con mayor autenticidad, fuerza y fidelidad creativas. Escúchate. Puede que te resulte un aprendizaje costoso pero en él descubrirás quién eres. Te sorprenderás. Podrás vivir con los pies en la tierra. Tanto si te gusta como si no ahí tienes un mensaje. Tu experiencia, tu diálogo con la realidad, tus ruidos, tus sonidos, tu silencio, tu belleza también hablan. Escucha. Para saber que eres alguien vivo, más divino, más humano. Para habitar plenamente otro lugar en el mundo muchas veces desconocido: el tuyo.