jueves, 29 de agosto de 2013

una vez más, sí de nuevo

Hay buenas sensaciones que nunca se olvidan. Cada uno colecciona las suyas o rasca en los recuerdos intentando recuperar algo de ellas cuando pasado mucho tiempo busca recuerdos placenteros. Esas sensaciones son con nosotros porque nos hacen ser personas con todo lo que somos. Disfrutar de cada acción y gozar de sus beneficios dicen que es la esencia de la felicidad.Tenemos esa capacidad, está en nosotros aunque nos distraigamos con otras muchas cosas luchando por poseerlas, por conquistarlas, por retenerlas, por y por y por.... A veces estamos tan lejos, otras tan fuera, cuando todo acontece tan cerca. La felicidad se nos da en la medida en que somos, en que dejamos que la vida pase y sea en nosotros.


El post de ayer reflejaba algo de eso. Eso que los niños saben y disfrutan tanto, incluso los que se acobardan y se muestran más tímidos o temerosos. Tirarte por el tobogán. Tirarte por el tobogán y dejarte caer. Soltando control y rigidez. Cayendo con tus miedos y resistencias. Dejándote. Para ir más allá de las cosas, para que mi confianza se permita vivir la experiencia. Igual te pasa como a mí. Puede que descubras que somos increíblemente amados por ser quienes somos. Algo tan personal como colectivo si compartiésemos esas sensaciones. 

Cuando somos la vida fluye y nosotros fluimos con la vida. Manuel en su blog lo reflejaba respondiendo a esta pregunta ¿No habrá que que empezar a dejar de hacer para hacer? Paradojas de la vida, también para ser habrá que dejar de hacer. Dejarnos hacer, dejar que acontezca, permitir que ocurra y vivir. Sí vivir sin tanto razonar y pasar por la cabeza. Vivirnos tal y como somos, tal y como estamos. Ahora. Hoy. Con lo que me pasa. Sentirnos frágiles y necesitados, no teniendo tanto miedo o escapando de nuestra vulnerabilidad. Nos va más ir de fuertes pero lo cierto es que no lo somos. En la debilidad también podemos hacernos vida. Esa sensación otra vez tan cerca: dejarme hacer de nuevo por ti.