lunes, 2 de septiembre de 2013

desde otra lógica

Hace poco hablábamos con mamá y mi madrina de esas cosas que hay en todas las casas guardadas para un momento mejor o importante de esos que por postergarse nunca llegan porque "para qué mancharlo" o "para qué usarlo si en realidad"... Así al menos pasó con un mantel hermoso de hilo veneciano que le regalaron a mi abuela cuando se casó y que nunca usó esperando un momento ideal para ello. Cuando yo me casé me lo regalaron a mí y estaba nuevo aunque más amarillento. Yo decidí lo contrario para el mantel, ya llevaba tanto tiempo guardado que bien merecía ser usado. Sí que necesita sus cuidados y no es para todos los días pero sí para ser usado en familia en esos momentos de compartir especiales. No es mi estilo especialmente pero es parte de nuestra historia familiar y sólo por eso le tengo cariño y bien vale ser usado. Y asi es como el mantel veneciano de mi abuela luce en navidades y en las oportunidades que se presentan. Nos trae anécdota añadida que bien vale recordar con su mensaje: cada vez que usamos el mantel es una nueva ocasión de expresar con amor ese deseo que tenía mi abuela pero no supo cómo concretar. Pienso que lo mismo nos pasa con tantas otras cosas. Algunas, si se guardan por mucho tiempo, se echan a perder, se vencen, se pudren, se pasan de moda, podemos ni saber que las tenemos o sí, darnos cuenta pero no hacer nada.

Mi gran amigo Pablo el jueves se va a vivir a Paraíso, Costa Rica. Allí le espera Montse, su esposa, una nueva vida y un proyecto iniciado ya por ambos con mucha ilusión de seguir construyendo juntos. Él decía, recientemente, "me supone muchas renuncias, cambios, despedidas y es una locura si lo pienso bien pero ella merece ésto y mucho más". Desde esta lógica todo es posibile. Este mes ha sido un preparar su marcha definitiva de nuestra ciudad. Vaciar el piso, cerrar toda una etapa de vida. Es increíble ver su generosidad. Se va práctcamente con lo puesto, lo que cabe en una maleta nada más, como quien se sabe peregrino. Todo lo demás que le ha acompañado hasta ahora, repartido, regalado a amigos y familiares, donado a una residencia de Cáritas, a Traperos de Emaús, a la parroquia para el mercadillo de navidad en solidaridad con Perú. Y una sensación de ir feliz por la vida así, ligero de equipaje, porque lo importante uno lo lleva dentro, forma parte de uno.

Ayer una religiosa de la residencia de Cáritas me decía: "Gracias por conectarlo a Pablo con nosotras. Todas las toallas que Pablo nos dio (era una bolsa enorme con todas sus toallas) ya han sido repartidas a las mujeres y a los niños que empiezan una vida nueva. Muchísimas gracias por hacer posible esto". Qué bien que sea posible. Los bienes de quien cierra una etapa ayudan a los que comienzan otra.

“Cuanto menos poseemos, más podemos dar. 
Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del Amor”
 (Madre Teresa de Calcuta)

Parece imposible porque muchas veces nos sentimos satisfechos como si no quedara nada por hacer o mejorar o acompañar. A veces nos contentamos y nos engañamos. Nos sobran cantidad de cosas que no damos uso o valor y duermen en armarios o cajones solo para nuestro regodeo personal. Pasa con nuestros egoísmos que dejan en el armario durmiendo y encerradas muchas posibilidades. Objetos que conservamos como un bien de lujo o a los que nos aferramos como a esas relaciones que vivimos de manera estancada e insípida o utilizamos y manipulamos sin ningún respeto, como compromisos y trabajos que no maduran y tienen ya olor a cerrado. Sin embargo, es posible. No hay misterio en esto, pasa por lo cotidiano. Todos tenemos esa capacidad de dar, de ofrecer, de compartir, de repartir: nuestros bienes así como nuestro dinero; nuestras cualidades y capacidades personales, conocimientos adquiridos y años de experiencia vital; nuestro tiempo, la capacidad de cuidar de otros, desarrollar actitudes de hospitalidad, desprendimiento y solidaridad en las que seguir madurando.

Quien se aferra en torno a su propia existencia se agarrota, se empobrece, multiplica su preocupación y estrés, crece el miedo a perder, a que no las quiten o se arruinen, a invertir mucho esfuerzo en mantenimiento y cuidados...

Quien pone su centro desde el amor puede vivir desde otra clave, la que su corazón le sugiere, la que la realidad le pellizca. Buscando madurar ese amor. La lógica del Amor es una lógica que, para algunos es revolucionaria, para otros una locura y para nosotros ¿qué significa hoy?