lunes, 16 de septiembre de 2013

soplando al corazón

"La función de la coraza es sobradamente conocida en la lucha: proteger las partes más sensibles que pueden ser mortalmente dañadas en un combate. También es la concha que cubre a algunos animales, como las tortugas. No obstante, desde una perspectiva psicológica la coraza simboliza la protección contra las posibles heridas del corazón.

Es conocida nuestra tendencia a acudir siempre a lo mental cuando presentimos que se avecinan el dolor y el miedo. La creencia de que no vamos a soportar según qué circunstancias hirientes acarrea tres tipos de respuesta: la evasión, la protesta y el exceso de raciocinio.


A menudo, darles vueltas a las cosas solo tiene por objeto evitar adentrarse en las profundidades de lo que duele. De ahí la inutilidad de preguntarse tantas veces: ¿por qué?, ¿por qué? Hay dos maneras, al menos, de abandonar ese caparazón de dureza que no permite al corazón expandirse plenamente. La primera es permitir que el dolor se exprese, en lugar de reprimirlo. El miedo a no poderlo soportar o la vergüenza de hacerlo ante los demás solo es una creencia. El corazón descansa y respira cuando se bate sin ataduras. La otra manera es generando confianza, es decir, aprendiendo a confiar en su sabiduría.

Solemos implorar coraje como llamada al valor de soportar adversidades. Así como a los guerreros se les exigía bravura, a nuestros conflictos cotidianos y a la lucha contra nuestros miedos se nos propone que tengamos perseverancia, palabra que viene del griego proskartere, que literalmente significa ser intensivamente fuerte, soportar, permanecer de pie bajo cualquier circunstancia de sufrimiento.

En el ideograma chino y japonés, la palabra coraje quiere decir el amor que causa la habilidad de ser bravo. Al sugerir una actitud con coraje, no estamos haciendo una llamada a la valentía, ni a una fuerza extrema, ni muchos menos resignación alguna ante el sufrimiento. En realidad, estamos soplando al corazón para que adquiera su fuego natural, en un acto de amor hacia uno mismo y hacia la vida. Porque amamos, somos bravos, y no a la inversa. Solo así pueden entenderse los gestos y las gestas extraordinarias que han conseguido muchas personas..."

Extracto de un artículo de Xavier Guix publicado en el diario El País