lunes, 21 de octubre de 2013

con paciencia de semilla

Duerme en un estado ausente.
Algo despierta por dentro,
algo la inquieta y remueve
buscando luz y alimento.

Sin prisa, tomando fuerzas,
va rasgando su armadura
con un grito de dolor
ahogado en quietud oscura.

Pero sigue, muy despacio,
lentamente y en penumbra,
con una esperanza innata
que alguien regaló a su duda:
que la noche solo existe
para que la luz la invada,
que la sed solo se calma
si se rompe la coraza,
para que puedan ser libres
las raíces que le anclan
a la tierra oscura y fría
que la tiene, así, atrapada.

Que la tiniebla hace falta
para madurar el alma
que la tierra con el agua,
se convertirá en su casa.

Como si supiera ser,
aprende a querer la espera,
hace alianza con la tierra
el silencio y la ceguera.

Con paciencia de semilla,
se deja ablandar por fuera
para reventar entera
y lejos de morir, alzarse...
crecida, tímida, bella,
acariciando aire y cielo,
bebiéndose el sol y los vientos,
bailando el agua que llega.

Y va capeando aguaceros,
con la alegría serena
de saberse por fin plena,
pese a todo sufrimiento.

Arropada por el sol
que de colores la llena,
hunde su raíz en tierra
y se despliega ligera.

Mira hacia atrás y comprende
que el camino también cuenta
que no será más semilla,
que ahora sabe que ya es ella.