martes, 24 de diciembre de 2013

¡¡Feliz Navidad hoy y cada día!!


La vida se nos da

y la merecemos dándola.

martes, 17 de diciembre de 2013

dos regalos muy preciados



Existe, es real, hay algo en el ser humano que siempre nos invita a superarnos, a una vida más sana y esperanzadora. Dos regalos, dos tesoros tan preciados como frágiles, tan deseados: ¡La paz y la alegría! Realidades sencillas que tantas veces complicamos. Las sufrimos cuando faltan, cuando las sentimos lejos o no sabemos alcanzarlas, cuando queremos manejarlo todo y cuando tiramos por tierra lo que tanto costó crear y construir. 

¡La paz y la alegría! Empiezan en nuestro corazón con nuestra apertura; en ese corazón vive en tensión entre lo que vive y no ha resuelto, en la guerra consigo y con el mundo, en la libertad de quien se atreve y escucha, ve y quiere mirar. Si los miedos se las arreglan, nos atrapan, nos encierran cortando de cuajo cualquier brote vital que se haya sembrado. La paz y la alegría, todo lo contrario, nos abren y ayudan a vivir con holgura, con energía, con serenidad. Van de la mano, llegan, nos alcanzan, no nos preguntan si nos las merecemos o no, nacen en un corazón humilde, agradecido, conmovido, reconciliado, poroso, que les hace sitio, que deja lugar a lo nuevo, que se deja hacer por lo bueno y se abre a la sorpresa que le trae toda experiencia.

¡La alegría y la paz! No hace falta complicarse la vida. No es necesario generar situaciones especiales para que se den sino ajustar nuestra mirada para verlas en la cotidianeidad. En realidades y personas, en gestos y actitudes, nos invitan, nos emocionan, nos movilizan e ilusionan sacándonos de nuestros mundos 'yo-yo'. Se muestran tan diferentes a lo que en ocasiones esperamos que en ocasiones las pasamos por alto y qué bien que nos hagan echar el freno y despierten nuestras ganas de buscarlas y descubrir dónde están. Sí, siempre es necesario parar, escuchar y estar quieto, pero nada nos impide el que atravesemos puertas, abramos ventanas, andemos caminos y saltemos obstáculos. Y ahí están, la alegría y la paz, disfrazadas de circunstancias, enfermedades, problemas, en medio de todo, de lo bueno y lo malo, esperándonos invisibles pero reales, en nuestros días y en nuestras noches, en momentos de lucidez y de desaliento ¿sabremos encontrarlas? 

¡La alegría y la paz! Una actitud serena y despierta para no se nos pase la vida sin que nos demos cuenta, para que podamos tamizar, en medios de las prisas y quehaceres, lo que es valioso e importante. Hasta en medio de las tensiones y de las dificultades, paz y alegría que no vienen de nosotros, es la Vida en todas sus formas quien nos las presenta.

¡La alegría y la paz! Vienen con el descanso, en el silencio para poder escuchar al corazón, para acallar las voces del afuera y ayudarnos a escuchar a las de adentro. Esas que antes no se escuchaban y cuando las empezamos a escuchar van haciéndose cada vez más fuertes e importantes para nosotros mientras que otras van perdiendo fuerzas. Silencio para escuchar nuevas voces que levantan, acompañan y fortalecen. Voces que empezar a escuchar, incorporar y permitir que nos acompañen.

¡La alegría y la paz! El perder, el buscar y el encontrar nos completan, hacen más ricas nuestras vidas, ayudan a compartir momentos vitales que nos van volviendo compañeros, hermanos y amigos. Dos tesoros valiosos que requieren guardianes permanentes: tú y yo. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

abiertos, ágiles y...

... muchas veces sorprendentes. Nadie sabe qué nos pasa realmente en el corazón. En ocasiones somos un misterio hasta para nosotros mismos. No responde a lo que nosotros seguimos esperando o pensando que podría ser. ¡Cuántas veces nos sentimos bichos raros, poco hechos! Percibimos la distancia para vivir de una manera menos mediocre a otra más libre y auténtica. Cuántas veces nos gustaría tener todas las respuestas y la capacidad de resolver problemas, de resolverlos más pronto que tarde y a ser posible hoy... La desesperación y la impaciencia se cuelan en cuanto bajamos la guardia o perdemos las fuerzas o simplemente la espera se hace larga. El camino más rápido es atractivo pero la velocidad no es válida para todo. La quietud y la espera tienen su mensaje que aportar en entretiempos cuando se tejen muchas otras cosas de las que quizás no seamos conscientes ni capaces de percibir hasta que el tiempo nos permite descubrirlas cuando echamos la vista atrás.

Un buen día, nos damos cuenta: algo nuevo está pasando, nos vamos 'teniendo' a medida que ponemos la confianza y no vivimos cerrados en nosotros mismos y nuestros esquemas, cuando soltamos el exceso de peso y nos desprendemos de lo que ralentiza o eterniza. Si nos descubrimos con capacidad de estar abiertos, si nos dejamos hacer receptivos, podremos escuchar, mirar, asumir nuestra realidad incompleta aunque no sepamos contestar todas las preguntas. Nos iremos atreviendo con lo que nos sobrepasa intuyendo que en esa obra inacabada hay esperanza. En nuestra fragilidad asumida, sostenida y acompañada, también la sencillez y el sentido del humor, nos abren a la vida, aunque aún no la percibamos.

Cuando tenemos la capacidad de asumir que no podemos tenerlo todo a nuestro gusto, controlado, y no por eso perder la serenidad ante lo que se nos escapa o no alcanzamos a comprender, superamos la tentación de acurrucarnos en un rincón esperando a que todo pase. Retos y oportunidades cotidianas no faltan donde poner la carne en el asador e ir haciendo a fuego lento, con lucidez y confianza, sin ingenuidad y en verdad, a mirar con otros ojos a los acostumbrados y ver brotes de vida donde antes no la distinguíamos o la creíamos posible. 

Está pasando, continuamente, como esas gotas de rocío que empapan la tierra cada mañana. Se nos va impregnando la vida y haciéndonos más plenos, más libres, ligeros, esponjosos, sí más... aunque a veces duela, suponga conflictos, dificultades, decisiones, transformación... Belleza, regalo y misterio, alegría y contradicción, creyendo y confiando, novedad y cambio.

En ocasiones una alegre realidad nos habla de nosotros y la libertad deja de ser un sueño, porque ya lo estamos viviendo. Los pequeños signos visibles anuncian algo nuevo a menudo invisible que podemos ver. Como el almendro cuando asoma la flor y anuncia que la primavera está cerca aunque el invierno siga presente. Cuando las hojas en otoño dejan el árbol desnudo éste sabe que volverá a florecer con colores vivos nuevos aunque eso ahora le quede lejos. En invierno parece que no hay vida, pero vendrá la primavera, vendrá el verano, habrá cosecha, vendrán cambios y tiempos mejores. A nosotros nos toca poner nuestra parte, amasarlo, esperarlo, crearlo... algo completamente inútil si se queda en teoría.

Y así es cuando mi mirada cambia, cuando soy más consciente de mi debilidad pero al mismo tiempo sé donde reside en verdad mi fuerza. Cuando dejo de pensar lo que puede pasar, para vivir como mejor puedo lo que está pasando. Me doy cuenta del tiempo y la densidad del momento presente. Un acto de fe, de empuje y de ilusión en tiempos difíciles. Sé que está más cerca y creer que hasta lo más pequeño recobra sentido, ya es camino de esperanza. 

Contar lo que estamos viendo puede contagiar a los que tenemos cerca. Todos necesitamos ayuda de los demás incluso en aspectos que no queremos reconocer. Todos tenemos algo que aportar. Estos días se han escrito muchas cosas ante la muerte de Nelson Mandela y su huella humanizadora. Si la vida de una persona funda una esperanza en el futuro de la humanidad me atrevo a decir que seguiremos sorprendiéndonos unos a otros, porque no lo hemos visto todo, porque el amor si es amor va siempre en dirección a los demás, en lo que damos la vida, en lo que nos hacemos presente, en donde denunciamos la injusticia, trabajamos a favor de las personas, donde dejamos una huella que es promesa, compromiso y realidad de un mundo más de hermanos y para todos.

jueves, 5 de diciembre de 2013

ocasiones de cambiar la mirada

Aunque todos reconocemos disfrutar en momentos lúdicos, ocupados como estamos por nuestros quehaceres y problemas, olvidamos, muchas veces, que todos los días, dentro de cada uno de nosotros habita ese niño o niña que un día fuimos. Aunque no parezca, ahí está, sigue ahí dispuesto a despertar y salir corriendo para recordarnos que podemos vivir la vida con otra mirada, aprovechar las ocasiones lúdicas sanas, descubrir motivos para sonreír y para sacar chispa a lo más sencillo y cotidiano e incluso resolver los problemas desde otra lógica.  


Es el mismo que disfruta en una merienda y le gusta ir de cumpleaños. Es el mismo que está dispuesto a mojarse bajo la lluvia, soplar burbujas, hacer galletitas caseras, organizar una partida de cartas, jugar entre las sábanas, meter goles en los partidos, soltar globos y hacerlos volar lejos, treparse a una cama saltarina, saltar olas en el mar, hamacarse o saltar de un trampolín haciendo tonterías. Sí y reír a carcajadas sin importarle si llama la atención, jugar al ring-raje en los timbres de los vecinos, hacer carrera de ascensores cuando los papás no miran, patinar en suelo reluciente, disfrazarse con lo que encuentra, tararear canciones de otro tiempo, soltar una cometa y dejarla volar alto. Porque ese niño o niña que fuimos y soñaba ya con qué quería ser de mayor, hoy sigue pintando su vida con los colores que se encuentra y con los que saca en ocasiones especiales. Le gusta construir y crear sueños como cuando hacía un castillo en la playa, sabe lo costoso que es que se quede en pie y se sostengan hoy tantos proyectos en los que pone la vida. Le da importancia a cosas que pueden ser guardadas como un tesoro. Deja que el sol y el viento le acaricie la cara porque siempre traen mensajes nuevos. Quiere ser protagonista de su propia historia y hace todo lo posible para atravesar un bosque encantando, luchar contra miedos y fantasmas, superar batallas, encontrar soluciones fáciles a los problemas más complicados, compartir con sus compañeros la aventura.

No hay duda, existe el día, el instante, en que algo te llama la atención y te hace mirar más lejos, si te sorprendes por algo que es digno de ser contado. Hay días que quieres bailar al son de esa música que te gusta. Que tu mirada se atreve a ser clara y transparente. Cualquier lugar es bueno para un rato de amigos. Hay momentos en el que uno se ríe por nada o por todo. En el que no importa mucho que te caíste con la bicicleta y te diste un buen raspón, aunque queden cicatrices durante año, en el que las lágrimas también hoy las cura un buen abrazo amoroso de quien te quiere y los cansancios pesan menos cuando uno puede descansar el día y el olor a comida casera entra por tu nariz prometiendo un rico rato. Sí, ayer como hoy aprendemos a ver el otro lado de las cosas que no supimos ver, a desempañar el cristal que hacía borroso tu mundo, con una nariz de payaso arrancar una sonrisa a quien no la espera, sorprender con una visita de esas que alegran cualquier corazón y hacer posible otro mundo cuando sumas fuerzas y trabajo en cosas que cuentan e importan.

"Hace poco tuve dolor de cabeza y mi hijo de tres años, queriendo ser amable, corrió a por un analgésico. Trató de abrir el frasco pero no pudo; le expliqué que la tapa era a prueba de niños: - Lo que hay dentro del frasco no es bueno para los niños -le dije- Tiene una tapa especial que los adultos pueden abrir pero los niños no. Tras una pausa me miró y me dijo:- No entiendo ¿cómo sabe el frasco que soy un niño?" Buena pregunta, verdad? 

Ayer un hipopótamo de peluche se daba un baño de sol en mi tenderero después de haber pasado por el túnel de lavado. Le hacía falta un baño. Y mientras se secaba pregunté a mi ahijada que nombre le poníamos para saber cómo llamarlo y fue bautizado por mi ahijada Juanita como "Tomino Yamón". Así será presentado al resto de muñecos en su nueva casa. Nos reimos mucho su mamá y yo de su ocurrencia, su imaginación y el buen rato que nos hizo pasar con el asunto.

Vale la pena ir al rescate de nuestro niño interior, dejarlo salir a la superficie y permitir que nos tome de la mano, nos guíe, nos ayude en los momentos de dificultad de cada día. Ocasiones de cambiar la mirada tenemos muchísimas cada día, conectar con lo mejor de nosotros mismos también, nuestra infacia ahí está ayudándonos a ser adultos hoy sin perder de vista lo que nos hizo niños ayer.