viernes, 13 de diciembre de 2013

abiertos, ágiles y...

... muchas veces sorprendentes. Nadie sabe qué nos pasa realmente en el corazón. En ocasiones somos un misterio hasta para nosotros mismos. No responde a lo que nosotros seguimos esperando o pensando que podría ser. ¡Cuántas veces nos sentimos bichos raros, poco hechos! Percibimos la distancia para vivir de una manera menos mediocre a otra más libre y auténtica. Cuántas veces nos gustaría tener todas las respuestas y la capacidad de resolver problemas, de resolverlos más pronto que tarde y a ser posible hoy... La desesperación y la impaciencia se cuelan en cuanto bajamos la guardia o perdemos las fuerzas o simplemente la espera se hace larga. El camino más rápido es atractivo pero la velocidad no es válida para todo. La quietud y la espera tienen su mensaje que aportar en entretiempos cuando se tejen muchas otras cosas de las que quizás no seamos conscientes ni capaces de percibir hasta que el tiempo nos permite descubrirlas cuando echamos la vista atrás.

Un buen día, nos damos cuenta: algo nuevo está pasando, nos vamos 'teniendo' a medida que ponemos la confianza y no vivimos cerrados en nosotros mismos y nuestros esquemas, cuando soltamos el exceso de peso y nos desprendemos de lo que ralentiza o eterniza. Si nos descubrimos con capacidad de estar abiertos, si nos dejamos hacer receptivos, podremos escuchar, mirar, asumir nuestra realidad incompleta aunque no sepamos contestar todas las preguntas. Nos iremos atreviendo con lo que nos sobrepasa intuyendo que en esa obra inacabada hay esperanza. En nuestra fragilidad asumida, sostenida y acompañada, también la sencillez y el sentido del humor, nos abren a la vida, aunque aún no la percibamos.

Cuando tenemos la capacidad de asumir que no podemos tenerlo todo a nuestro gusto, controlado, y no por eso perder la serenidad ante lo que se nos escapa o no alcanzamos a comprender, superamos la tentación de acurrucarnos en un rincón esperando a que todo pase. Retos y oportunidades cotidianas no faltan donde poner la carne en el asador e ir haciendo a fuego lento, con lucidez y confianza, sin ingenuidad y en verdad, a mirar con otros ojos a los acostumbrados y ver brotes de vida donde antes no la distinguíamos o la creíamos posible. 

Está pasando, continuamente, como esas gotas de rocío que empapan la tierra cada mañana. Se nos va impregnando la vida y haciéndonos más plenos, más libres, ligeros, esponjosos, sí más... aunque a veces duela, suponga conflictos, dificultades, decisiones, transformación... Belleza, regalo y misterio, alegría y contradicción, creyendo y confiando, novedad y cambio.

En ocasiones una alegre realidad nos habla de nosotros y la libertad deja de ser un sueño, porque ya lo estamos viviendo. Los pequeños signos visibles anuncian algo nuevo a menudo invisible que podemos ver. Como el almendro cuando asoma la flor y anuncia que la primavera está cerca aunque el invierno siga presente. Cuando las hojas en otoño dejan el árbol desnudo éste sabe que volverá a florecer con colores vivos nuevos aunque eso ahora le quede lejos. En invierno parece que no hay vida, pero vendrá la primavera, vendrá el verano, habrá cosecha, vendrán cambios y tiempos mejores. A nosotros nos toca poner nuestra parte, amasarlo, esperarlo, crearlo... algo completamente inútil si se queda en teoría.

Y así es cuando mi mirada cambia, cuando soy más consciente de mi debilidad pero al mismo tiempo sé donde reside en verdad mi fuerza. Cuando dejo de pensar lo que puede pasar, para vivir como mejor puedo lo que está pasando. Me doy cuenta del tiempo y la densidad del momento presente. Un acto de fe, de empuje y de ilusión en tiempos difíciles. Sé que está más cerca y creer que hasta lo más pequeño recobra sentido, ya es camino de esperanza. 

Contar lo que estamos viendo puede contagiar a los que tenemos cerca. Todos necesitamos ayuda de los demás incluso en aspectos que no queremos reconocer. Todos tenemos algo que aportar. Estos días se han escrito muchas cosas ante la muerte de Nelson Mandela y su huella humanizadora. Si la vida de una persona funda una esperanza en el futuro de la humanidad me atrevo a decir que seguiremos sorprendiéndonos unos a otros, porque no lo hemos visto todo, porque el amor si es amor va siempre en dirección a los demás, en lo que damos la vida, en lo que nos hacemos presente, en donde denunciamos la injusticia, trabajamos a favor de las personas, donde dejamos una huella que es promesa, compromiso y realidad de un mundo más de hermanos y para todos.