martes, 17 de diciembre de 2013

dos regalos muy preciados



Existe, es real, hay algo en el ser humano que siempre nos invita a superarnos, a una vida más sana y esperanzadora. Dos regalos, dos tesoros tan preciados como frágiles, tan deseados: ¡La paz y la alegría! Realidades sencillas que tantas veces complicamos. Las sufrimos cuando faltan, cuando las sentimos lejos o no sabemos alcanzarlas, cuando queremos manejarlo todo y cuando tiramos por tierra lo que tanto costó crear y construir. 

¡La paz y la alegría! Empiezan en nuestro corazón con nuestra apertura; en ese corazón vive en tensión entre lo que vive y no ha resuelto, en la guerra consigo y con el mundo, en la libertad de quien se atreve y escucha, ve y quiere mirar. Si los miedos se las arreglan, nos atrapan, nos encierran cortando de cuajo cualquier brote vital que se haya sembrado. La paz y la alegría, todo lo contrario, nos abren y ayudan a vivir con holgura, con energía, con serenidad. Van de la mano, llegan, nos alcanzan, no nos preguntan si nos las merecemos o no, nacen en un corazón humilde, agradecido, conmovido, reconciliado, poroso, que les hace sitio, que deja lugar a lo nuevo, que se deja hacer por lo bueno y se abre a la sorpresa que le trae toda experiencia.

¡La alegría y la paz! No hace falta complicarse la vida. No es necesario generar situaciones especiales para que se den sino ajustar nuestra mirada para verlas en la cotidianeidad. En realidades y personas, en gestos y actitudes, nos invitan, nos emocionan, nos movilizan e ilusionan sacándonos de nuestros mundos 'yo-yo'. Se muestran tan diferentes a lo que en ocasiones esperamos que en ocasiones las pasamos por alto y qué bien que nos hagan echar el freno y despierten nuestras ganas de buscarlas y descubrir dónde están. Sí, siempre es necesario parar, escuchar y estar quieto, pero nada nos impide el que atravesemos puertas, abramos ventanas, andemos caminos y saltemos obstáculos. Y ahí están, la alegría y la paz, disfrazadas de circunstancias, enfermedades, problemas, en medio de todo, de lo bueno y lo malo, esperándonos invisibles pero reales, en nuestros días y en nuestras noches, en momentos de lucidez y de desaliento ¿sabremos encontrarlas? 

¡La alegría y la paz! Una actitud serena y despierta para no se nos pase la vida sin que nos demos cuenta, para que podamos tamizar, en medios de las prisas y quehaceres, lo que es valioso e importante. Hasta en medio de las tensiones y de las dificultades, paz y alegría que no vienen de nosotros, es la Vida en todas sus formas quien nos las presenta.

¡La alegría y la paz! Vienen con el descanso, en el silencio para poder escuchar al corazón, para acallar las voces del afuera y ayudarnos a escuchar a las de adentro. Esas que antes no se escuchaban y cuando las empezamos a escuchar van haciéndose cada vez más fuertes e importantes para nosotros mientras que otras van perdiendo fuerzas. Silencio para escuchar nuevas voces que levantan, acompañan y fortalecen. Voces que empezar a escuchar, incorporar y permitir que nos acompañen.

¡La alegría y la paz! El perder, el buscar y el encontrar nos completan, hacen más ricas nuestras vidas, ayudan a compartir momentos vitales que nos van volviendo compañeros, hermanos y amigos. Dos tesoros valiosos que requieren guardianes permanentes: tú y yo.