jueves, 5 de diciembre de 2013

ocasiones de cambiar la mirada

Aunque todos reconocemos disfrutar en momentos lúdicos, ocupados como estamos por nuestros quehaceres y problemas, olvidamos, muchas veces, que todos los días, dentro de cada uno de nosotros habita ese niño o niña que un día fuimos. Aunque no parezca, ahí está, sigue ahí dispuesto a despertar y salir corriendo para recordarnos que podemos vivir la vida con otra mirada, aprovechar las ocasiones lúdicas sanas, descubrir motivos para sonreír y para sacar chispa a lo más sencillo y cotidiano e incluso resolver los problemas desde otra lógica.  


Es el mismo que disfruta en una merienda y le gusta ir de cumpleaños. Es el mismo que está dispuesto a mojarse bajo la lluvia, soplar burbujas, hacer galletitas caseras, organizar una partida de cartas, jugar entre las sábanas, meter goles en los partidos, soltar globos y hacerlos volar lejos, treparse a una cama saltarina, saltar olas en el mar, hamacarse o saltar de un trampolín haciendo tonterías. Sí y reír a carcajadas sin importarle si llama la atención, jugar al ring-raje en los timbres de los vecinos, hacer carrera de ascensores cuando los papás no miran, patinar en suelo reluciente, disfrazarse con lo que encuentra, tararear canciones de otro tiempo, soltar una cometa y dejarla volar alto. Porque ese niño o niña que fuimos y soñaba ya con qué quería ser de mayor, hoy sigue pintando su vida con los colores que se encuentra y con los que saca en ocasiones especiales. Le gusta construir y crear sueños como cuando hacía un castillo en la playa, sabe lo costoso que es que se quede en pie y se sostengan hoy tantos proyectos en los que pone la vida. Le da importancia a cosas que pueden ser guardadas como un tesoro. Deja que el sol y el viento le acaricie la cara porque siempre traen mensajes nuevos. Quiere ser protagonista de su propia historia y hace todo lo posible para atravesar un bosque encantando, luchar contra miedos y fantasmas, superar batallas, encontrar soluciones fáciles a los problemas más complicados, compartir con sus compañeros la aventura.

No hay duda, existe el día, el instante, en que algo te llama la atención y te hace mirar más lejos, si te sorprendes por algo que es digno de ser contado. Hay días que quieres bailar al son de esa música que te gusta. Que tu mirada se atreve a ser clara y transparente. Cualquier lugar es bueno para un rato de amigos. Hay momentos en el que uno se ríe por nada o por todo. En el que no importa mucho que te caíste con la bicicleta y te diste un buen raspón, aunque queden cicatrices durante año, en el que las lágrimas también hoy las cura un buen abrazo amoroso de quien te quiere y los cansancios pesan menos cuando uno puede descansar el día y el olor a comida casera entra por tu nariz prometiendo un rico rato. Sí, ayer como hoy aprendemos a ver el otro lado de las cosas que no supimos ver, a desempañar el cristal que hacía borroso tu mundo, con una nariz de payaso arrancar una sonrisa a quien no la espera, sorprender con una visita de esas que alegran cualquier corazón y hacer posible otro mundo cuando sumas fuerzas y trabajo en cosas que cuentan e importan.

"Hace poco tuve dolor de cabeza y mi hijo de tres años, queriendo ser amable, corrió a por un analgésico. Trató de abrir el frasco pero no pudo; le expliqué que la tapa era a prueba de niños: - Lo que hay dentro del frasco no es bueno para los niños -le dije- Tiene una tapa especial que los adultos pueden abrir pero los niños no. Tras una pausa me miró y me dijo:- No entiendo ¿cómo sabe el frasco que soy un niño?" Buena pregunta, verdad? 

Ayer un hipopótamo de peluche se daba un baño de sol en mi tenderero después de haber pasado por el túnel de lavado. Le hacía falta un baño. Y mientras se secaba pregunté a mi ahijada que nombre le poníamos para saber cómo llamarlo y fue bautizado por mi ahijada Juanita como "Tomino Yamón". Así será presentado al resto de muñecos en su nueva casa. Nos reimos mucho su mamá y yo de su ocurrencia, su imaginación y el buen rato que nos hizo pasar con el asunto.

Vale la pena ir al rescate de nuestro niño interior, dejarlo salir a la superficie y permitir que nos tome de la mano, nos guíe, nos ayude en los momentos de dificultad de cada día. Ocasiones de cambiar la mirada tenemos muchísimas cada día, conectar con lo mejor de nosotros mismos también, nuestra infacia ahí está ayudándonos a ser adultos hoy sin perder de vista lo que nos hizo niños ayer.