sábado, 15 de marzo de 2014

en vías de desarrollo... aún

A ti se te da bien, suelen decirme, en relación a todo lo que tiene que ver con mirar con esperanza, en positivo, animar, potenciar y descubrir posibilidades en medio de problemas, empezando por los míos; porque sobre todo lo que escribo, leo, trabajo, me gusta aplicarme el cuento y hacer experiencia de lo que después uno puede hablar y compartir con más sabor o apuntando referencias que también son luz en momentos determinados y una reconoce como válidas. 

Me aburren los teóricos que no tocan tierra y que dejan por escrito cosas que no van con la realidad. Me apasiona la gente que transmite y comparte lo contrario, la vida, los errores, los descubrimientos, las ocasiones que ha tenido de crecer y de salir, de aprender, y que lo hace con sus maneras propias. Me gusta descubrir que a pesar de mis dificultades sigo aprendiendo, sigo dándome cuenta que no estoy hecha de una vez para siempre. Aprendo de personas maravillosas conocidas y anónimas, esas que nos aportan algo a todos de manera universal porque son referentes humanos como aquellas que descubro al pasar sin pretenderlo. Tantas veces veo que quienes más me enseñan son quienes menos lo pretenden, las personas sencillas y corrientes, las de toda la vida que siempre pueden aportar algo nuevo como aquellas con las que me cruzo o comparto espacios puntuales o contínuos en el tiempo y despiertan mi curiosidad y atención por lo que reflejan, porque traslucen algo.

Hace unos cuantos años conocí a Dolores, una persona luminosa, de esa que la vida le sale por los poros, de esas que a uno le gustaría ser así. Había leído sus libros y una experiencia de fin de semana me dio la oportunidad de conocerla en persona sin idealizarla sino tal y como es. Fue una buena experiencia de esas que dan luz que perdura en el tiempo. Ella sabe de qué va la vida y sugería pistas cotidianas para que no sea un camino de privilegiados sino ocasión de conocimiento para quien quiera asomarse, quien quiera aprender a vivirse mejor. Ella pone la carne en el asador para dar fe de ello y me consta que su vida no es puro cuento. Dolores no dejó de invitar a no tener miedo al cambio, a los cambios, a nuestros cambios incluso a nosotros mismos y a esa vida que no acabamos de conocer, asumir y afrontar. Y hablaba que las personas somos como esas ciudades en obras, en transformación, en vías de desarrollo aún, con las molestias y quejas que ésto provoca. Ese ejemplo me caló y lo hice mío, me acompaña desde entonces y ha sido imagen y tema abundante en mis charlas, talleres y conversaciones hasta el los sitios menos esperados.

Algo que nos cuesta, algo que no queremos creer ni ver del todo: no estamos hechos de una vez para siempre tampoco en la vida adulta. Sin embargo no soy todo lo que ven ni sólo lo que  ven. Perdonen las molestias que pueda ocasionarles. Sigo en construcción. Sí, a mi edad, en mi situación. Sí, aún. Y quiero vivirlo sin miedo.Descubriendo a cada paso cómo puedo llevarme mejor y continuar haciendo posible la vida.