lunes, 28 de abril de 2014

creer y crear

Hay gente que tiene la capacidad, las habilidades y las destrezas bien desarrolladas para amargarse la vida. Ya lo decía bien clarito éste señor Paul de apellido difícilmente pronunciable y que desarrolló hace ya 31 años todo un tratado de psiquiatría y es un referente a estudiar cuando uno se mete en estos ajos de cómo vivir mejor la vida. Watzlawick es un experto en mostrarnos cómo infligir malestar en nuestra vida cotidiana pasando por las situaciones más diversas como usar el pasado como una fuente de infelicidad cualquier tiempo pasado fue mejor, soñar con imposibles o evitar hacer frente a la realidad tal y como se presenta. Su libro ofrece de manera inteligente, distintos lenguajes y con humor una panorámica de las fragilidades humanas, eso tan nuestro y que nos cuesta vivir. 

Con humor es como el amor mejor se lleva, contemplando podemos mirar la realidad, con una mirada lúcida y amorosa podemos ver mejor, con creatividad, esa capacidad que seguir despertando, con ingenio es como creamos respuestas diferentes... ¿Empezaremos a creer de verdad que tenemos la capacidad de crear la vida? ¿Encaminaremos nuestras decisiones y pasos a lo que nos da vida? ¿Podemos compartir lo que descubrimos?

Rubén Turienzo escribe sobre el arte de la actitud positiva. Es un manual que invita a sonreír mientras uno se trabaja o lee sin más pretensión que abrirse a otras actitudes. Por si te interesa, lo recomiendo en la lista de libros que verás en la columna derecha del blog.

Cada día tiene mil cuatrocientos cuarenta minutos ¿cómo los están empleando? Malgastarlos, amargarte, aprovechar, disfrutar, compartirlos... Quien quiere vivir haciéndose cargo de su felicidad construye su realidad hasta en instantes del día a día que parecen más insignificantes. 

¿Empeñarse en ver el vaso medio vacío pudiendo verlo medio lleno? Cuando uno se da cuenta de todo lo que puede llegar a complicar, de las energías que se gastan y se pierden al ver de manera negativa perjudicando el ánimo y la propia salud, tolerando lo que no hay que tolerar, sin marcar límites, en conformarse y no salir de ahí... Uno se da cuenta que también es posible lo contrario: usar la cabeza, reírse de uno mismo, empeñarse en elegir mejor,  discernir, simplificar, relativizar, modificar, mirar en positivo e ilusionarse de nuevo para seguir creciendo... 

Sencillez, humildad, confianza, persistencia, coraje, valor, ánimo, humor y despliegue de cuidados son necesarios a cualquier edad para contrarrestar la fuerza de esas creencias que nos dominan y tienen la lengua muy suelta diciéndonos: no puedes, no sabes, no vales, lo haces mal, la cagaste otra vez... La autoestima sigue siendo tarea de por vida para las personas que no nos sentimos hechas de una vez para siempre. Para hacernos cargo de nuestras carencias y para seguir descubriendo cómo vivir mejor toda nuestra vida, para afrontar nuestras dificultades y aprovechar las oportunidades que tenemos. No me canso de repetirlo: es cosa de cada uno. Nadie puede hacerlo por uno. Si uno decide tirar la toalla y dar más valor a lo que aún no está terminado y lo tilda de mal hecho en detrimento de todo el trabajo construido que va mostrando otros resultados, no verá lo que hay, sólo se quedará con una parte de la realidad. Y ya puede alguien tener toda la ayuda del mundo que si no ve más allá no verá.

Lo que crees y creas marca la diferencia, lo que mires y veas también. Quien mira y ve toda la realidad crea la diferencia. Quien cree y se ve en construcción se da ocasiones de crecimiento, visualiza caminos, descubre compañeros de camino, centra y orienta sus energías para seguir creyendo en lo que aún no ve pero se puede crear.


A los arquitectos de su felicidad
A quienes se sienten en construcción
A quienes están en ese quererse y cuidarse mejor
A los que abren los ojos y ven
A los que quieren creer y crear