martes, 29 de abril de 2014

... y hoy? ¿Qué quieres?

Estaba a la vista en la sala del telecentro donde dí clases de informática hace ya algunos años. Yo hacía de acompañante más que de profesora y mi papel lo reflejaba ese cartel: animando, facilitando, que cada uno se haga cargo involucrándose en su propio aprendizaje.

Cuéntame y lo olvidaré, 
muéstrame cómo hacerlo y podré recordarlo, 
déjame hacerlo y aprenderé.

Palabras que tenían mucho sentido allí donde las personas que acudían estaban capacitándose para una búsqueda activa de empleo haciéndose cargo de sí mismas partiendo de su realidad. Palabras sugerentes y motivadoras que viene bien tenerlas a la vista. Estas palabras, en el fondo, tienen mucho sentido en cualquier aprendizaje vital. Tenemos experiencia de ello: lo que realmente vale la pena lo aprendemos haciendo, viviéndolo, dejándonos acompañar por quien sabe cómo o puede darnos pistas o mostrarnos el camino para aprenderlo por nosotros mismos. Nunca nadie que nos haya sustituido nos ha hecho un favor, más bien lo contrario, nos ha quitado responsabilidad, la posibilidad de experimentar, de probar, de equivocarnos, de descubrir con nuestros propios ojos y maneras cómo es eso que queremos aprender y que nadie puede hacer en nuestro lugar.

Los educadores lo sabemos, los padres y las madres, los que quieren aprender cualquier cosa en la vida, también, la metodología del aprender haciendo funciona, es eficaz, genera auto-confianza, empodera a la persona, es como uno descubre por sí mismo lo que es capaz cuando se implica. Si hoy en día en muchos colegios y aulas experimentales los niños desde edades tempranas aprenden a cocinar, a hablar otros idiomas y lenguas, a cultivar una huerta, cuidar un jardín, a manejar máquinas, a producir una película y realizar una obra de teatro con todos sus elementos, ¿será que si lo hacemos podemos? ¿tendrá que ver con desenvolver capacidades y disfrutar haciendo? ¿Será que tiene bastante que ver con la vida? Y si los que se estrenan en ella pueden y lo consiguen ¿qué no podremos hacer los adultos que llevamos más recorrido y más experiencias en nuestras mochilas? Vamos cumpliendo años, siendo más o menos conscientes y realistas, a veces pesimistas, perdemos ganas, ilusión, fuerza, o lo contrario, soltamos lo que nos dificulta y nos quita energías, ponemos el foco en lo que importa, ganamos entusiasmo y favorecemos lo que descubrimos valioso y bueno. Hemos tenido que reciclarnos en muchas cosas que no enseñaban en el cole, en la facultad, en el trabajo, que no aprendimos para ser amigos, pareja o padres, para cuidar a nuestros padres o vivir como adultos o hacernos cargo de nuestras emociones. La pertenencia o la edad o la salud no nos da tantas cosas y sin embargo se aprende a vivir viviendo, allí donde estamos, a cada edad, con salud o enfermedad, con o sin trabajo, con más o menos formación, ante los retos que se nos presentan día a día, en todas las necesidades que nos encontramos, en los problemas y las carencias que cargamos, en la realidad que tenemos, en los espacios, los lugares y las personas con las que nos relacionamos.

¿No se tratará de seguir despertando capacidades, descubriendo cómo vivir? Tenemos temporadas o épocas que todo nos cuesta o se hace cuesta arriba andamos perdidos o nos falta lo más básico para afrontar día a día. Pero mucha gente echa el ancla y permanece ahí, refugiado en la queja, poniéndose una venda en los ojos, defendiéndose, excusándose: yo no sé, no me enseñaron, no supe, no me sale, no ésto y no aquello... Y se agotan ahí. Y se les puede preguntar a unos y a otros como nosotros podemos seguir preguntándonos: ¿Y hoy? ¿Qué quieres? ¿Estás dispuesto a seguir aprendiendo? ¿Quieres crecer?