viernes, 23 de mayo de 2014

a cada paso


Cada vez estoy más convencida: cuando simplificamos todo nos va mucho mejor y cuando en lugar de ayudarnos, gastamos energías en entorpecernos, nos perdemos. Sin embargo, también esos tiempos y espacios, esos errores y luchas, son necesarios, son ocasión de gracia y encuentro, en los que puede que también aprendamos.  

En tiempos de ceños fruncidos y de cabezas agachadas ¡que nuestro rostro exprese la alegría que se nos regala! En el fondo es mucho más sencillo de lo que nosotros lo complicamos y cuando lo complicamos agudizamos la dificultad frente a otras posibilidades de vivir mejor que sólo descubrimos andando y mejor si es con una sonrisa y un saludo al cruzarte con otros.

Tenemos dos vidas. La segunda comienza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una.” Cuando nos vivimos pequeños descubrimos cosas grandes. Cuando nos percibimos atentos, nos dejamos sorprender, se nos abre la vida en cualquier lugar, la verdad se nos revela, algo invisible se intuye, se palpa y es preciso descubrirlo con ojos de fe.

Hay motivos para seguir andando. Hay caminos por andar. En esa misión que te va pidiendo entregarte por entero está el secreto más grande de la vida. Quien se siente peregrino se vive inmerso en ese dinamismo y lo acompaña con lucidez para sonreír cada día y para sembrar esas sonrisas necesarias. En esa perspectiva común de quien no camina a solas y se cuela el humor, las conversaciones gratas, confidencias más de adentro, opiniones plurales, búsquedas, desencuentros, la realidad misma desde diferentes puntos de vista, más allá de nuestros horizontes. Dando oportunidad a la imaginación y a la creatividad vemos otros modos de desenvolvernos en situaciones habituales y cotidianas como en aquellas conflictivas o más problemáticas. Y resulta que eso que uno no pensaba ni buscaba, se lo encuentra y lo necesitaba. Tarde o temprano, sale el sol, la lluvia para; amanece, atardece, oscurece, los colores toman diferente intensidad y podemos verlo y disfrutarlo. Gracias a esa Luz que nos calienta e ilumina, nos va configurando por dentro, acompañándonos en los desafíos de la vida. Luz que empieza en el corazón, que es palabra, que es silencio, que es un susurro, que la trae el viento, está en la naturaleza, en una o muchas personas, en ese escrito o esa música que recuerdo o borroneo, en la humildad y la sencillez de cada paso a medida que caminamos.