lunes, 26 de mayo de 2014

welcome to reality


No hace mucho alguien me decía que había recibido un mensaje que le había disgustado. Después de andar a vueltas con el mensaje cayó en la cuenta que su disgusto monumental era más por lo que se había imaginado que otra persona le decía que por el mensaje en sí. Su interpretación fue la que le hizo sufrir. Imaginando cosas que no le estaban diciendo en lugar de recibir lo que se le decía. Recordó que no era la primera vez que le sucedía. Descubrió circunstancias parecidas cuando su estado anímico bajo influía o cuando se acentuaba su cansancio físico o emocional. En situaciones así se mostraba menos tolerante, más susceptible, se enganchaba a los malos entendidos y los malos ratos van y vienen. Su poca capacidad de vivir lo que viene como viene le hace pasarlo mal y, a veces, hace interpretaciones o segundas lecturas de la realidad que no tienen que ver con lo que realmente ocurre. Ésto le demostró, una vez más, que tenía que comenzar a vivir de otra manera. Tener la capacidad de darse cuenta de lo que le estaba ocurriendo en lugar de pasar por encima de sus necesidades le dio pistas para reconocer situaciones similares en las que se había sentido o había actuado así. Ser capaz de distinguir cómo pensaba y actuaba en esos momentos, por qué lo hacía y que esta dinámica puede volver a repetirse, le llevó a nombrar sus malestares comunes. Ver las consecuencias de momentos que le producían un lío mental tremendo, un gran desgaste emocional y somatización corporal, le ayudó a buscar alternativas de funcionamiento en la vida cotidiana y a descubrir modos distintos de afrontamiento en situaciones que se le atragantan. Su grado de bienestar y serenidad aumenta en la medida que se hace cargo de su realidad.

Hace poco, otra persona me comentaba que cuando imaginamos las cosas como nos gustaría que fueran y no las queremos como son, nos cuadriculamos y ponemos un filtro a la realidad. Todo lo que no entre ahí o no pase por allí, descartado, fuera, esos "no era lo que yo había pensando y no quiero ésto". El problema de este planteamiento es que nos perdemos la vida tal y como es. Confundimos la realidad con nuestros estado de ánimo o la percepción que tenemos en situaciones-problema. El problema que nos hacemos por ello bien vale que dediquemos un tiempo a reflexionar qué dificultades estamos teniendo para vivir mejor y qué posibilidades tenemos para vivir mejor y si no las tenemos dónde buscar esa ayuda. Podemos echar la culpa a las circunstancias, las situaciones y las personas, enquistarnos en nuestras posturas, desencontrarnos y distanciarnos, peleamos con la realidad y de hecho ¡lo hacemos y lo sufrimos! ¡Tantos conflictos, peleas, rupturas y desencuentros surgen de aquí! Cuando la realidad nos supera, no responde a lo que según nosotros debería ser, no nos gusta, no queremos verla, nos cerramos y nos la perdemos. Otros modos de ser, de ver y de resolver la vida tal y como es nos pueden ayudar si estamos dispuestos a abrir los ojos a la realidad. Mi realidad, tu realidad, la nuestra, es algo que puede aceptarse, afrontarse y quererse, tal y como es, aunque duela y aunque pueda mejorarse. Sólo esa aceptación, ese afrontamiento, ese querernos, nos llevará a transformaciones, a una realidad mayor, más amplia, más verdadera y más nuestra.

Recientemente una madre me contaba lo que ella creía que debería hacer la medicina por su hijo que es pequeño de estatura para su edad y después de una buena conversación le pregunté si a su hijo además de hablarle de revisión médica, patrones de estatura y vitaminas, alguien le estaba enseñando a quererse tal y como es, a aceptarse con su estatura. Y me decía: ufff ¡con lo que cuesta vivir así aceptándose! Seguimos comentando esta idea. Expresó que la primera que tenía que ir empezando a aceptar su realidad era ella misma consigo. 
 
Evidentemente nadie dice que no cueste ni que no suponga trabajo, no se trata de un cambio radical. A veces puede serlo, pero otras veces simplemente serán pequeños cambios los que nos llevarán a ir perfilando y concretando eso que hemos intuido o valorado como verdadero, como camino, como proyecto hasta que tome forma. Tampoco es algo que se decida de una vez para siempre ni suceda mágicamente, no se hace a golpe de impulso aunque pueda existir un momento o varios momentos de lucidez, de descubrimiento. Todo cambio empieza por la escucha. Requiere reflexión, análisis de las diferentes opciones, motivación, paciencia, tiempo y sobre todo, convencimiento y toma de decisiones.
 
Ese dialógo consciente de autoconocimiento, de descubrimiento de los entresijos de la propia persona, ese baile pensar, sentir,  actuar nos da pistas cotidianamente. ¡Cuánto bien nos hace tener oídos para oír estos mensajes! ¡Cuánto mejor nos va cuando ponemos el foco en bien querernos! ¡Cuánto bien nos hace tener el valor de resituarnos, centrarnos o cambiar de perspectiva! Ser capaces de pivotar, de reconocer, de abrirnos, cambiar de dirección si es necesario, buscar alternativas y decidir por dónde voy es clave para vivir despiertos en la vida.
 
En palabras de Virginia Satir, psicoterapeuta norteamericana, cada uno de nosotros custodia esa puerta de cambio que sólo yo puedo abrir desde dentro a través de

Las cinco libertades:
La libertad de ver y oír lo que hay,
en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era, o lo que será.
La libertad de decir lo que siento y pienso,
en lugar de decir lo que pienso que debería decir.
La libertad de sentir lo que siento,
en lugar de sentir lo que creo que debería sentir.
La libertad de pedir lo que quiero,
en lugar de esperar a que me des permismo para hacerlo.
La libertad de correr mis propios riesgos
en lugar de conformarme con estar seguro y no perturbar mi tranquilidad.

Nunca se nos dijo que fuera fácil y no podemos negar que seguimos descubriendo cómo vivir mejor. Es cierto que estamos llenos de contradicciones... pero ¿y si vivir en verdad y con mayor autenticidad nos hiciera feliz? ¿Lo elegiríamos?