miércoles, 30 de julio de 2014

¿una oportunidad lúcida o un drama bloqueante?

Pintar una piedra de río puede ser una forma divertida de entretenimiento. No hace falta ir a clases, es gratis y no ser un artista no es excusa para no disfrutar pintando piedras, lo único necesario será encontrarlas (a ser posible juntar sólo aquellas que te digan algo, dice una amiga) y una vez las tengas en tus manos, ¡manos a la obra!

Los que estudian e investigan nuestros comportamientos, conductas, bienestar y cómo funciona nuestro mundo cognitivo, dicen que necesitamos entrenarnos en disfrutar las cosas sencillas, conectar con lo que nos hace bien, fomentar momentos lúdicos, siendo conscientes de esos momentos cotidianos que tenemos. Parece que depende de nuestra capacidad para reinventar la vida. Tanto en los momentos para los que sacamos tiempo en vacaciones, cuando descansamos de trabajo y quehaceres o a los que damos un espacio cuando descubrimos que son  importantes. 

Los que nos vuelven contemplativos extasiados con un paisaje hermoso, nos transmiten paz, los que despiertan nuestra capacidad de admiración ante la belleza que cada estación nos regala. Los que nos sorprenden con un descubrimiento o un reto. Los que convocan a planes, proyectos, encuentros con gente. Los que desperezan nuestras capacidades dormidas. Los que nos conectan con eso de cada uno que llamamos lo mejor de nosotros mismos. Los que despiertan ilusión, alegría, diversión, amor, los que alimentan nuestra imaginación, sacan a flote nuestra ternura, simpatía, confianza y nos llevan a expresar nuestra fe y esperanza, nuestro cariño y afecto, nuestro compromiso y huella personal con la creatividad que cada uno es capaz.

Si hacer ejercicio físico cuando uno se siente estresado puede descargar tensiones y levantar temporalmente el estado de ánimo, desafiar racionalmente las percepciones negativamente exageradas es otra manera de no dejarnos dominar por las cosas que nos amargan y levantar nuestro ánimo frenando la generación de basura absurda en la que nos encasillamos. Permitir que las situaciones agradables nos alcancen, nos abracen, nos nutran, como lo hacen las personas queridas, los amigos del alma y los recuerdos gratos que nos fortalecen. Generar estas y otras vivencias que encontrarán lugar en nuestro mundo cotidiano a menudo que lo hagamos posible, como la música de un bandoneón que acaricia el corazón, con esa sensación de calidez y bienestar que acompaña en el tiempo, que convoca a la vida a la que estamos llamados, a la felicidad por la que estamos aquí y que podemos seguir creando para nosotros y para otros.

Es posible influir y cambiar los estados de ánimo negativos por otros más positivos de manera consciente, entrenándonos día a día, escuchando y extrayendo el meollo de la vida de la que hablaban los poetas muertos de la película. Montones de personas de todo tiempo traen este mismo mensaje con sus vidas que convencen más que palabras: un simple gesto es capaz de transformar el mundo, de aumentar nuestros niveles cerebrales, de sacarnos una sonrisa y secar nuestras lágrimas, de cambiar nuestra mirada, de influir en nuestro ánimo, de modificar nuestra actitud, de crear nuevas formas de comportarnos y de estar en el mundo. Creámoslo. Tenemos la capacidad suficiente de ir hacia lo que queremos, de construir una realidad nueva desde las posibilidades y recursos a nuestro alcance, de hacernos con la realidad y fluir con los cambios. Me repito, lo sé, pero insisto porque lo tengo comprobado y porque la vida lo sigue demostrando a través de su evolución: hacer de este momento de la vida, de estos tiempos nuestros, una oportunidad lúcida o un drama bloqueante depende de nosotros, de cómo pensemos, de cómo vivamos, de cómo actuemos, de qué hagamos con el tiempo y las circunstancias que tenemos, en definitiva, de qué decisiones tomemos. 

martes, 1 de julio de 2014

mucha vida

Para quienes conocen el peso y el valor de cada paso
Para quienes descubren oportunidad en cada circunstancia
A quienes aprecian el camino