jueves, 14 de agosto de 2014

el lenguaje del corazón

Es ese que unos dicen tener y otros estar en vías de desarrollar, ese que no se puede dar por supuesto porque o se ha conocido o no. Tiene que ver con comunicar sentimientos de muchísimas maneras a nuestro alcance. Ese que se puede aprender y vivir...Todos los días.

Ese que salió a relucir en una reunión de padres y madres en un colegio. La directora resaltaba el apoyo que los padres deben dar a los hijos y les pedía se hicieran presentes el máximo tiempo posible. Entendía que, aunque la mayoría de los padres trabajan, tienen que encontrar un poco de tiempo para dedicar y para estar con los niños. Esa vez ella fue la sorprendida cuando uno de los padres se levantó y explicó, de forma humilde, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana porque era el único que tenía trabajo y no estaba en casa en todo el día. Cuando se iba a trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba era muy tarde y el niño ya no estaba despierto. Ese perderse el día a día, el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba e intentaba no dejar de ir a besarlo todas las noches cuando llegaba a su casa. Para que su hijo supiera que su papá había estado, él hacía un nudo en la punta de la sábana. Cuando el hijo despertaba y veía el nudo, sabía, a través de él, que su papá había estado allí y lo había besado. Este ritual se repetía todos los días. El nudo era el medio de comunicación entre ellos.

Esta historia habla de las muchas formas en que las personas podemos hacernos presentes y comunicarnos con otros si queremos. Algunas veces nos preocupamos tanto en la forma de decir las cosas que olvidamos que lo más importante es que ellas lo sepan, que puedan sentirlo. Y ese cómo que lo sugiera el corazón con las maneras que nosotros somos capaces de expresar el amor, el cariño, el cuidado, la preocupación, la compasión y la ternura. Detalles como un beso, una visita, un paseo, una nota en la cocina, una llamada, un nudo en la sábana, dicen más que montón de deseos bienintencionados que se quedan por el camino. Hay personas que no entienden el significado de muchas palabras y, sin embargo, les alcanzan los gestos que les dicen mucho más. 

Para que exista esta comunicación, es necesario que las personas escuchen el lenguaje del corazón y se animen a hablarlo aunque sea con balbuceos. Porque a hablar de corazón también se aprende. Como ese abrazo curativo para el raspón en la rodilla y la caída de la bicicleta, como esa sonrisa después del malentendido de hace un rato o ante las preocupaciones del trabajo o ante la tristeza por ese familiar que ya no está y se extraña. Un gesto de amor. Nada más y nada menos. Aún y cuando el gesto sea solamente un nudo. Un nudo lleno de afecto y cariño.