domingo, 21 de junio de 2015

en mi debilidad tengo tu fortaleza

Dice el Talmud "La humanidad es una gran familia, una amplia y gran familia, nacida de Adán y Eva. Dios sopló sobre un puñado de arcilla y primero nació Adán. Después creó a Eva, con una costilla de Adán. Dios juntó aquella arcilla de muchos lugares del mundo, de manera que todos los seres humanos nos sintamos como en casa en cualquier lugar del mundo y sea éste nuestra posada".

Somos una hermosa creación, belleza de Dios, carne de su entraña, expresión de su amor. Por eso tenemos un sello en el corazón que imprime en nosotros la capacidad de vivir una doble realidad: una tremenda fragilidad con todo lo que eso conlleva de tocar los límites de nuestra humanidad y a la vez  una fuerza imparable que es expresión de su belleza y, por tanto, somos seres capaces de desplegar vida en forma de alegría, creatividad, amor, pasión y fiesta cada día, en nosotros y en nuestras relaciones, en nuestro mundo. 

Gracias a ese soplo de vida podemos ser como ese aire fresco que necesitamos respirar y también ese oxígeno que soltamos para que otros puedan vivir más ligeros y con menos pesos. Gracias a tantos y tantas que son con nosotros no vivimos a solas, y aunque nuestra barca se zarandee, no falten dificultades y problemas, aunque nadie te quita la soledad ni tu propia experiencia vital, sin embargo, estamos habitados por un susurro plagado de compañía que nos dice ese CONFÍA Y NO TEMAS de parte de Dios y de parte de todos los corazones que laten junto al nuestro.

Como dice un amigo mío sacerdote 
 ¡¡¡Que su alegría sea nuestra fuerza!!!