encuentro

Si soy un espejismo con el otro,
¿cómo es mi encuentro contigo?
¿Gestos de rito repetido
o cuerpo de tedio y costumbre?
¿Corazón domesticado
o palabra de libro y calendario?

Si me defiendo de tu novedad
con lo que ya sé de ti,
encerraré también a los demás
en lo que ya sé de cada uno,
sin dejarles espacio para lo nuevo.

Si no soy pobre ante ti
contemplando fascinado tu grandeza,
tampoco regalaré como la lluvia universal
mis días y mis fuerzas.

Si multiplico las palabras
hasta abrumarte en tu silencio,
¿cómo seré capaz de escuchar
el grito rebelde del oprimido
y la queja muda del saqueado?

Si mi cuerpo no te acoge
y siente tu presencia cercana,
¿cómo podrá ser templo libre,
sin ídolos publicitarios vivos,
ni cárcel de nostalgias presas?

Si no tolero tu misterio
en paz y transparencia,
no acogeré lo incomprensible de los otros
sin que mi impaciencia hierva.
sin oración dura, tediosa y tentadora,
sólo buscaré relaciones humanas fáciles,
sin atravesar fiel el desierto
hacia encuentros de tierra libre.

Si no espero la hora de tu llegada,
tampoco llevaré en mi corazón
la cosecha que se gesta
en vidas dobladas sobre su dolor
como los surcos cerrados.

Si no adoro en silencio tu transcendencia
que abre al tercer día sepulcros y cerrojos,
encarcelaré sin futuro
situaciones y personas.

Si no me alegro contigo
acogiendo la plenitud de tu presencia,
¿cómo me dejaré recrear
en los encuentros que dan la vida
y en medio de un pueblo que celebra?

Soy la misma relación en todo encuentro.
si en verdad soy contigo fuego,
con sólo abrir los ojos y dar un paso
no seré con el hermano hielo.

Benjamín González Buelta